Cuando pensamos en Johann Sebastian Bach, a menudo nos viene a la imagen de un compositor severo, de peluca empolvada, con partituras meticulosamente escritas. Sin embargo, esta visión, aunque icónica, es incompleta.
Bach fue, ante todo, un virtuoso de la improvisación, una faceta que conecta directamente con el alma del jazz. Su capacidad para crear música en el momento y tejer complejas texturas sobre la marcha es el puente que une el Barroco con el jazz.
EL IMPROVISADOR DETRÁS DEL COMPOSITOR
Bach fue un improvisador legendario en su tiempo. La improvisación era una habilidad fundamental para los músicos del Barroco y Bach la dominaba como pocos.
Un episodio que ilustra esta habilidad ocurrió en 1747, durante su visita a la corte de Federico el Grande. El rey, aficionado al pianoforte, propuso a Bach un tema y le pidió que improvisara una fuga. Bach, sin titubear, improvisó una fuga a tres voces. El rey quería más, y Bach improvisó una fuga a seis voces. Tiempo después, esta improvisación se convertiría en la obra maestra que conocemos como Ofrenda musical.
También se cuenta que sus momentos de virtuosismo cuando tocaba el órgano en la iglesia de Leipzig llegaban a distraer a los feligreses. Tal era su capacidad para cautivar desde el teclado. Esa libertad creativa sobre una base armónica establecida es el principio fundamental que el jazz adoptaría como bandera siglos después.
LA ARMONÍA DE BACH COMO SEMILLA DEL JAZZ
La influencia de Bach en el jazz va más allá de la mera anécdota y se encuentra en la estructura misma de su música. Su uso de armonías, como las dominantes secundarias y los acordes disminuidos, crea una tensión que los músicos de jazz explorarían hasta el infinito.
La forma en que Bach construye sus progresiones, el diálogo entre las voces y su sentido del ritmo proporcionan el marco ideal para la improvisación. Pianistas como Fats Waller, Bud Powell y Bill Evans estudiaron profundamente su obra y se impregnaron de sus raíces.
Algunos grupos, como el Modern Jazz Quartet, de John Lewis, o el famoso Trío de Jacques Loussier, construyeron gran parte de su repertorio llevando la música de Bach al terreno del jazz. Con sus trabajos demostraron que las composiciones de Bach son perfectas para la improvisación.
La energía creativa que impulsó a Bach en sus improvisaciones es la misma que alimenta a los grandes músicos de jazz: el diálogo constante entre la estructura y la libertad. Si escuchamos a Bach con oídos modernos, no es difícil imaginar que podría haber sido uno de los grandes improvisadores del jazz, de haber vivido en el siglo XX.