Nuestra sección está dedicada en esta ocasión a Maximilian Hornung, un joven violonchelista alemán que está considerado uno de los más destacados del panorama internacional por su excepcional dominio técnico y versatilidad.
ALUMNO AVANZADO Y MÚSICO PRECOZ
Nacido en la ciudad alemana de Augsburgo en 1986, Maximilian Hornung comenzó sus estudios de violonchelo a los ocho años. Muy pronto demostró su destreza y capacidad para la música, cualidades que, sin duda, ha heredado de sus padres, músicos de profesión.
A los 16 años, decidió dedicarse por completo a sus estudios musicales. Se formó con Eldar Issakadze, Thomas Grossenbacher y David Geringas. Poco después, se incorporó como violonchelista en Tecchler Trio, donde permaneció hasta 2011. Con ellos, obtuvo el Primer Premio en el Concurso Internacional ARD de Múnich en 2007.
Con tan solo 23 años, se convirtió en primer solista de violonchelo de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, puesto que ocupó hasta 2013. Ese mismo año, con el apoyo del Borletti-Buitoni Trust de Londres y de la Fundación Anne-Sophie Mutter, su mentora, renunció a su puesto para dedicarse con gran éxito a su carrera en solitario.
Desde 2022 es director artístico del festival Traunsteiner Sommerkonzerte.

UN AMPLIO REPERTORIO DE JOYAS MUSICALES
Maximilian Hornung está considerado uno de los violonchelistas más destacados a nivel internacional. Su interpretación se distingue por su gran profundidad sonora, su sofisticación y su capacidad de conectar profundamente con el público.
Junto a las piezas más conocidas y demandadas, Hornung dedica especial atención a joyas menos conocidas del repertorio violonchelístico. Esta temporada debuta con la Berliner Philharmoniker con tres interpretaciones del Concierto para violonchelo de Dutilleux, bajo la batuta de Thomas Guggeis. También será su estreno con la Sydney Symphony Orchestra, la Oslo Philharmonic, la Orquesta Sinfónica de Galicia y la Zürcher Kammerorchester, además de sus actuaciones como solista, músico de cámara y director de proyectos propios con la Münchner Symphoniker y la Orchestra della Svizzera Italiana, entre otros.
Ha actuado con la Tonhalle-Orchester Zürich, el Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks, la Wiener Symphoniker, la Swedish Radio Symphony, la London Philharmonic, la Czech Philharmonic, la Bamberger Symphoniker, la Philharmonia Orchestra, la WDR Sinfonieorchester Köln, las orquestas sinfónicas de Dallas, Pittsburgh y Birmingham, y la Orchestre National de France.
Asimismo, son conocidas sus colaboraciones con directores como Daniel Harding, Yannick Nézet-Séguin, Paavo Järvi, Marie Jacquot, Esa-Pekka Salonen, David Zinman, Lorenzo Viotti, Pablo Heras-Casado, Semyon Bychkov, Manfred Honeck, Antonello Manacorda, John Storgårds, Michael Francis, Thomas Søndergård, Krzysztof Urbański y Robin Ticciati.
En cuanto a la música de cámara, colabora con figuras de la talla de Anne-Sophie Mutter, Julia Fischer, Antje Weithaas, Hélène Grimaud, Daniil Trifonov, Hisako Kawamura, Christian Tetzlaff, Lisa Batiashvili, François Leleux, Joshua Bell, Yefim Bronfman y Herbert Schuch. Esta temporada emprende una extensa gira de tríos por Europa junto a sus habituales colaboradores Vilde Frang y Denis Kozhukhin.
Su discografía abarca tanto grabaciones en solitario como colaboraciones con músicos de cámara. Fue galardonado con el Premio ECHO Klassik dos veces: en 2011, por su álbum debut Jump! y en 2012, por su grabación del Concierto para violonchelo de Dvořák junto a la Bamberger Symphoniker, bajo la dirección de Sebastian Tewinkel.
Otras grabaciones incluyen las principales obras para violonchelo de Richard Strauss, los conciertos para violonchelo de Haydn, una aclamada versión del Quinteto “La Trucha” de Schubert, el Concierto para violonchelo n.º 2 de Shostakóvich y el Concierto para violonchelo n.º 2 de Sulkhan Tsintsadze. Ha publicado grabaciones con grandes sellos, como Sony, Deutsche Grammophon, Genuin, Linn Records, NEOS, Bridge Records y CPO.

NUESTRA ENTREVISTA CON MAXIMILIAN
La charla con Maximilian Hornung fue de lo más amena y fue muy relevante para conocer mejor un instrumento del que hablamos poco en este blog, el violonchelo.
A menudo se dice que el violonchelo es el instrumento más cercano a la voz humana. En tu experiencia, ¿qué te permite expresar el violonchelo que quizá no podrías decir con palabras y cómo cambia ese discurso cuando dialoga con un piano en la música de cámara?
Es cierto: el sonido del violonchelo es, por su timbre, probablemente el más cercano de todos los instrumentos a la voz humana, con su calidez, profundidad y también su brillo y sonoridad. Esto lo convierte en un instrumento muy natural y me gusta utilizarlo para mis expresiones musicales como si fuera un cantante. Cuando se une a instrumentos con otras características sonoras, como el piano, todo gira en torno al equilibrio entre estos dos mundos sonoros. Esto es algo que, por supuesto, también depende del estilo de la música que interpretamos.
En febrero interpretas en A Coruña el concierto para violonchelo de Edward Elgar, una obra profundamente introspectiva y casi confesional. ¿Qué aspectos emocionales y sonoros consideras esenciales para transmitir su fragilidad y su densidad expresiva al público?
El concierto para violonchelo de Elgar es su última gran obra y simboliza su testamento musical. En ella reflexiona sobre su vida con una gran sensación de gratitud y, al mismo tiempo, se prepara para despedirse del mundo. Desde el punto de vista emocional, es realmente un viaje a través de casi todos los aspectos de la vida humana. Hay alegría, tristeza, humor, amor, lucha, desesperación, perdón… Un auténtico recorrido por una montaña rusa emocional que, finalmente, desemboca en la paz. Y eso es lo que debe transmitirse a través de los diferentes sonidos. La obra habla, sobre todo, a través del sonido.
3) Aunque el Concierto de Elgar es una obra sinfónica, muchos intérpretes destacan su carácter casi camerístico. Cuando lo abordas, ¿piensas en el violonchelo de una manera similar a cuando tocas con piano, buscando transparencia, escucha y flexibilidad?
Es un aspecto que puede aplicarse realmente a todo y a cualquier combinación o estilo de música. La música de cámara es la esencia absoluta de toda interpretación musical. Incluso cuando se toca una suite para violonchelo solo de Bach, aparecen elementos de música de cámara, ya que, por ejemplo, no se es independiente de la armonía ni del ritmo. Así, la idea de dar y recibir, de escuchar, de proponer impulsos y de inspirarse en los compañeros musicales es la base de toda interpretación, independientemente de cuántas personas toquen juntas. Por lo tanto, el planteamiento es, sin duda, muy similar al de un concierto a dúo con piano.
En marzo actuarás en Salamanca con un programa camerístico junto a la pianista Hisako Kawamura, con obras de Dvořák, Brahms y Franck. ¿Qué tiene de especial para ti este repertorio en el que el piano no acompaña, sino que comparte plenamente la responsabilidad musical?
Lo realmente especial es que todas las piezas son originalmente obras para violín. También es muy habitual interpretarlas con violonchelo y, gracias a ello, se benefician de una sonoridad más oscura y profunda, que encaja muy bien con estas músicas. Franck, de hecho, planeó escribir primero una sonata para violonchelo y concibió los dos primeros movimientos para violonchelo y piano antes de que, al necesitar rápidamente un regalo de boda para su gran amigo, el violinista Eugène Ysaÿe, la transformara en una sonata para violín. Y el piano nunca acompaña simplemente: siempre es un compañero musical. Ambos instrumentos dependen el uno del otro.
El violonchelo produce el sonido de forma continua, mientras que el piano lo hace de manera percutida. ¿Cómo trabajas con un pianista para lograr una homogeneidad de color, respiración y fraseo entre dos instrumentos tan distintos en su naturaleza?
Bueno, yo también puedo hacer que el violonchelo suene de manera más percusiva, e Hisako puede tocar en el piano las líneas más bellas y aparentemente interminables sin romper el sonido. Alcanzar esto tiene mucho que ver con el dominio individual. Pero, por supuesto, cuando ensayamos, nos ponemos de acuerdo sobre el carácter y nuestra visión de la música. Buscamos una forma de llegar a ello de manera homogénea, principalmente escuchándonos mutuamente y probando distintas opciones hasta dar con un resultado que nos convenza a ambos. Un ensayo es como un laboratorio en el que se busca un terreno común y se deja que este vaya desarrollándose.
Fuiste nombrado primer cellista de la Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks con solo 23 años y, poco después, decidiste centrarte en tu carrera como solista y músico de cámara. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión y cómo influyó en tu relación con el repertorio camerístico y con el piano?
Sí, pasé cuatro años en ese puesto dentro de la orquesta. La decisión de marcharme se debió principalmente a que era muy joven y no me veía pasando los siguientes cuarenta años, hasta la jubilación, en esa posición. Soy una persona naturalmente muy curiosa y siempre necesito nuevos retos en la vida. Dicho esto, esos cuatro años en la orquesta fueron absolutamente cruciales para mi desarrollo como violonchelista, solista y músico de cámara. Fue una gran lección de vida y realmente me preparó para todo lo que vino después.
La Sonata op. 78 de Brahms y la Sonata de Franck, que interpretarás en Salamanca, representan universos expresivos muy distintos. Desde el punto de vista del violonchelo, ¿qué cambia en tu manera de tocar y de relacionarte con el piano al pasar de una obra a otra?
En realidad, no cambio nada de manera consciente. El estilo de la música es el que cambia y, como intérprete, uno se adapta para poder expresar los elementos musicales de la forma más auténtica y mejor posible, pero el enfoque de base es el mismo. En piezas tan ricas y coloridas como estas dos, de manera natural aparecen muchas formas distintas de tocar o de expresarse en tan solo unos pocos compases. Por eso, todo está en constante movimiento. Imagínese tocar una obra entera con una sola expresión sonora: sería horrible…
Has explorado a menudo repertorios menos habituales junto a grandes clásicos. ¿Hay alguna obra para violonchelo y piano que te haya marcado especialmente como intérprete y que sientas que todavía no recibe la atención que merece?
Creo que las cinco sonatas de Beethoven son obras que me han marcado desde el comienzo mismo de mis estudios de violonchelo y que todavía hoy lo siguen haciendo. Evidentemente, se trata de un repertorio muy conocido, pero estoy seguro de que también existen muchas sonatas menos habituales que no reciben el reconocimiento que deberían, aunque para mí es casi imposible valorarlo. En cierto modo, una obra siempre recibe la atención que merece cuando se presenta bajo una buena luz y cuando se interpreta con total convicción. Hay que amar lo que se toca; entonces, el público también lo amará.
A lo largo de tu carrera has colaborado con pianistas y músicos de cámara de primer nivel. ¿Qué cualidades valoras más en un pianista para que el diálogo funcione de verdad: el sonido, la flexibilidad, la imaginación, la capacidad de escucha… o el equilibrio entre todas ellas?
Por supuesto, todas son importantes, pero es un poco como ser un camaleón. Un camaleón siempre será un camaleón, pero tiene la capacidad de adaptarse a su entorno y, aun así, sigue siendo un camaleón. En otras palabras: hay que ser flexible y saber escuchar, pero sin cambiar nunca la propia personalidad más sincera.
Muchos amigos de Hinves tienen un piano en casa y disfrutan tocando o escuchando música sin ser melómanos expertos. Si tuvieras que recomendar una obra para violonchelo y piano como puerta de entrada a este repertorio, ¿cuál elegirías y por qué?
Eso depende mucho del gusto individual de cada persona, pero, por ejemplo, me encanta la Primera sonata de Beethoven: es tan humilde, cercana, amable y despreocupada y, al mismo tiempo, muy compleja; una obra perfecta para empezar el día.
