Desde su invención, el piano ha trascendido no solo como instrumento musical, sino como obra de arte y de ingeniería acústica, presente tanto en palacios imperiales como en tiendas de pianos especializadas, donde hoy se conservan y transmiten siglos de tradición.
Durante el siglo XIX, ningún escenario ejemplificó mejor esta dualidad que la corte de los zares en San Petersburgo, lugar de encuentro de la política, el lujo y la música.
EL PIANO COMO CETRO CULTURAL Y DE PODER
En la corte de San Petersburgo, el siglo XIX vio florecer una de las culturas musicales más opulentas de la historia. En el corazón de esta efervescencia se encontraba el piano, un instrumento que trascendió su función artística para convertirse en un símbolo de poder absoluto, refinamiento y sofisticación diplomática.
Para los zares, poseer el mejor piano no era una cuestión de ostentación, sino de Estado. Los salones del Palacio de Invierno, así como los de Tsárskoye Seló, con el suntuoso Palacio de Catalina y la legendaria Cámara de Ámbar, demandaban instrumentos que pudieran competir con la arquitectura de Rastrelli.
LOS PIANOS MÁS EXQUISITOS Y LUJOSOS
Mientras que en París o Londres el piano era el centro de la vida burguesa, en Rusia era una joya de la corona. Las grandes firmas europeas, como Erard y Pleyel, enviaban sus ejemplares más exquisitos a la capital imperial.
Estos pianos no eran modelos de serie; se encargaban con especificaciones que incluían marquetería en maderas exóticas, incrustaciones de malaquita y aplicaciones de bronce que armonizaban con los excesos del estilo imperio y el barroco isabelino.
TESTIGOS DE LA HISTORIA
Aunque las marcas francesas dominaron el inicio del siglo, el surgimiento de Jacob Becker en 1841 supuso un hito. Becker se convirtió en el proveedor oficial de la corte con sus pianos, que combinaban la robustez necesaria para el clima ruso con una mecánica que no envidiaba a la europea. Incluso Steinway & Sons captó la atención de la nobleza rusa. En los Libros de Registro de la compañía, consta que el zar Alejandro II de Rusia adquirió un piano de gran cola Steinway en 1871.
Los pianos de la corte no solo emitían notas de Chaikovski, Chopin o Liszt, quien causó un furor sin precedentes en sus giras rusas. También fueron testigos de la política, la diplomacia y las conspiraciones.
ANTES Y DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN
En muchos conciertos privados se sellaban alianzas diplomáticas entre las grandes potencias o se gestaban conspiraciones que hablaban de reformas y revoluciones. Los pianos de la corte imperial rusa también asistieron impertérritos, en 1917, al final de una dinastía que nunca regresaría.
Tras la revolución de 1917, el piano continuó siendo el gran embajador de la cultura rusa en el mundo. Muchos instrumentos de la corte fueron nacionalizados y sirvieron para fundar las bases de la prestigiosa escuela pianística rusa.