Este mes nos entrevistamos con Paola Montero, experta en derecho empresarial y fundadora de TALA Producciones, dedicada a la producción y promoción de conciertos de música de cámara clásica y de creación contemporánea.
Entre la música y el derecho
Es poco frecuente encontrar una persona en la que confluyan dos profesiones tan diferentes como son el derecho y la música. Paola Montero, nacida en La Línea de la Concepción, no proviene de una familia con raíces musicales. Sin embargo, desde pequeña se aficionó a escuchar música con su abuelo e ir a conciertos.
Recuerda con cariño la tienda de instrumentos por la que pasaba cada día al volver del colegio. Las notas que se escuchaban en su interior procedían de los niños que asistían a clases de música en el local. Ella también quiso aprender.
Al frente de TALA Producciones
Tras su paso por la universidad, su especialización en protección de datos le sirvió para trabajar para grandes multinacionales. Esa visión del mundo empresarial le sirvió para fundar TALA Producciones, una organización dedicada a la producción y promoción de conciertos de música clásica, música de cámara y compositores contemporáneos.
Su vocación por promover el talento guio sus pasos hacia la creación del Ciclo Salón del Ateneo, que desde 2023 se celebra en la histórica entidad madrileña. Allí cada temporada se puede disfrutar de la música de compositores consagrados, como Schubert, Ravel o Debussy, pero también de obras contemporáneas poco conocidas.

Nuestra entrevista con Paola Montero
En nuestra charla con Paola Montero hablamos de TALA Producciones, de música clásica y de compositores contemporáneos, de sus proyectos de futuro y de la acogida de sus ciclos de música en el Ateneo de Madrid.
1. Eres abogada de profesión y fundaste TALA Producciones en 2014. ¿En qué momento exacto decidiste que la música no iba a ser solo una pasión paralela, y qué te dio el derecho que no te habría dado un conservatorio?
Fundar TALA Producciones fue algo que surgió de manera natural, progresivamente. Llevaba algún tiempo organizando conciertos esporádicamente, de modo que TALA Producciones nació para dar forma a esta faceta que poco a poco se iba haciendo cada vez algo más recurrente. El gran cambio, en realidad, vino a raíz de la pandemia, pues fue entonces cuando tuve la oportunidad de reflexionar sobre lo que realmente quería hacer, sobre cómo podía realizar mi mejor aportación a la música. Y de esa reflexión nació el ciclo Salón del Ateneo.
¿Y qué me aportó el derecho en todo esto? No me aventuro a decir que el conservatorio no podría haber aportado algo similar, pero creo que el derecho es una disciplina que aporta unos conocimientos y herramientas estupendas para poder desenvolverse en el mundo actual y para mirar a los proyectos y a los problemas de forma comprehensiva y con perspectiva. No creo que sea algo exclusivo del ámbito jurídico, pero en mi caso esta disciplina me ha aportado herramientas para poder enfocar los proyectos a largo plazo, con visión posibilista y con honestidad respecto a los riesgos, oportunidades y cómo afrontarlos.
2. El Salón del Ateneo nació en junio de 2023 y ya va por su cuarta temporada, con nueve conciertos entre septiembre y junio. ¿Qué has aprendido en estos tres años sobre el público madrileño que no sabías al empezar?
El público madrileño me ha enseñado muchísimas cosas durante estos años, pero, sobre todo, que es mucho más abierto de lo que podamos pensar y que está dispuesto a aceptar propuestas quizá no tan ortodoxas o habituales, siempre que se propongan desde el respeto y el cuidado a lo que se está ofreciendo. Así, el público ha respondido maravillosamente a propuestas u obras que, quizá por mi propio prejuicio, pensaba que no iban a ser tan bien acogidas. Su respuesta ha conseguido que me reafirme aún más en esta vocación de ofrecer una programación lo más cuidada y diversa posible, y permitiendo que la música de nueva creación conserve un espacio preferente en nuestra programación.
3. Te has autoimpuesto una regla: en cada programa tiene que sonar al menos una obra de un compositor vivo. ¿De dónde sale esa norma? ¿Has estado alguna vez a punto de romperla?
La norma proviene de la propia vocación del ciclo. Uno de los objetivos del Salón del Ateneo es difundir la música de nueva creación entre el gran público. Evitar que la música contemporánea se circunscriba a conciertos o festivales especializados y, por tanto, permitir su programación en diálogo y combinada de forma natural con otras obras de repertorio, con las obras del canon tradicional. Creo que esta es la única forma de darla verdaderamente a conocer al gran público. Siempre digo que, para mí, el concierto perfecto es aquel en el que el público compra su entrada para escuchar el cuarteto La muerte y la doncella, de Schubert, pero sale de la sala comentando un cuarteto de Francisco Coll. Y es lo que ocurre con nuestro público habitualmente.
Y sí, hemos roto esa norma en contadas ocasiones, y solamente con Bach. Arnau Tomás interpretó las seis suites de Bach para violonchelo en nuestra primera y tercera temporadas. Este año interpretará las sonatas para viola da gamba. Sé que quizá parezca una contradicción, pero Bach es atemporal y omnipresente en la creación musical (también hoy), de modo que no me lo tomo como una traición a la filosofía del ciclo, sino más bien como un recordatorio de lo esencial.
4. Dices que el conservadurismo en la programación es frecuente y comprensible, porque el programador privado quiere minimizar riesgos. ¿Cuál es el riesgo más grande que has asumido tú y cómo respondió la sala?
Cuando una emprende una iniciativa de estas características, tiene que estar dispuesta a asumir riesgos de todo tipo, a lanzarse un poco al vacío a la espera de que las cosas salgan lo mejor posible, aun sabiendo que habrá contratiempos y problemas, y que será necesario adaptarse a estos contratiempos y aprender constantemente de los propios errores. En mi caso, uno de los mayores riesgos fue intentar hacerme hueco en un sector en el que nadie había oído nunca hablar de mí: cómo generar la confianza no solo entre los músicos, sino, sobre todo, entre el público. El tiempo del público es muy limitado, de modo que la pregunta era: ¿cómo conseguir que hagan un hueco para conocer el Salón del Ateneo?, ¿cómo hacer que se fijen en lo que hacemos, en una ciudad con una oferta cultural tan rica como Madrid?
Afortunadamente, el público nos acogió mucho mejor de lo que hubiese podido imaginar. Ver un público que no solo viene a un concierto, sino que se queda con nosotros y nos acompaña en el camino, tiene para mí un valor incalculable.
5. Programar en la Cátedra Mayor del Ateneo no es programar en un auditorio: hay historia, hay unas paredes muy concretas, hay una acústica que no elegiste. ¿Cómo condiciona ese espacio lo que puedes y no puedes traer?
La Cátedra Mayor del Ateneo ha resultado ser el espacio idóneo para un ciclo como el nuestro. Es cierto que, cuando uno elige un nuevo espacio, siempre surgen dudas, especialmente sobre la acústica o sobre cómo se comportará el entorno con nuestro público y con el mensaje que se quiere transmitir con cada temporada. No obstante, desde el principio, la Cátedra Mayor disipó todas las dudas. Tiene una acústica estupenda, cómoda y cálida tanto para el oyente como para el intérprete que está en el escenario, unas dimensiones perfectas para un ciclo de música de cámara —que siempre debería buscar cercanía con el público—, y sus paredes rezuman la historia de la institución, tan unida siempre a la promoción y fomento de las vanguardias. De modo que la Cátedra Mayor no solo no ha limitado, sino que ha potenciado las características y la misión del Salón del Ateneo.
6. Apuestas mucho por el talento emergente, nacional y europeo. ¿Cómo llegan a ti esos nombres? ¿Escuchas?, ¿te los recomiendan?, ¿viajas a buscarlos?
Un poco de todo. En general, intento estar bastante al día y asistir a conciertos para escuchar intérpretes, pues es en el escenario como realmente se los conoce y se aprecia si pueden encajar o no con la filosofía del ciclo. Y, aunque normalmente no viajo expresamente para ello, sí aprovecho viajes laborales para asistir a conciertos fuera de España y poder conocer a otros intérpretes. Pero a algunos también he llegado a través de gente que me conoce bien y que piensa que tal o cual intérprete puede encajar con el ciclo. Así que, un poco de todo.
7. Esta temporada pasan por el ciclo Apollo5, Kebyart Quartet, Sentieri Selvaggi, KamBrass, Arnau Tomás… ¿Cómo se construye una temporada así? ¿Empiezas por los artistas, por los repertorios o por el arco que quieres que recorra el oyente de septiembre a junio?
Supongo que yo me lo planteo más bien como un puzle. Empiezo identificando qué cosas quiero que estén presentes durante la temporada (qué balance quiero conseguir con las agrupaciones, qué compositores quiero programar o temáticas tocar, si será posible presentar estrenos…) y el resto va tomando forma poco a poco. Por ejemplo, este año he querido mantener la presencia de música vocal y conseguir un mejor equilibrio entre viento y cuerda; teníamos los dos estrenos que queríamos poder hacer posibles y algunas temáticas en la cabeza… En realidad, es todo un proceso que va tomando forma poco a poco, a lo largo de los meses, hasta que finalmente acaba cobrando sentido. Supongo que otros programadores, seguro mucho mejores que yo, preverán la temporada de manera más racional o temática, pero en mi caso todo va evolucionando conforme voy considerando opciones, y siempre partiendo de unas líneas básicas (de instrumentación o repertorio) con las que planteo la temporada.
8. Hablas de convertir el ciclo en algo cotidiano para los madrileños, no en un acontecimiento excepcional. ¿Qué falta en Madrid para que la música de cámara se consuma como se consume el cine o el teatro?
Hay que perderle el miedo a la música. La comparación con el cine y el teatro es adecuada, pues en los tres casos el público está invirtiendo su tiempo en sentarse en una butaca y escuchar lo que le tienes que contar. De algún modo, cuando el público se sienta en el patio de butacas, consigues que esté cautivo —si se quiere— durante la siguiente hora u hora y media. Y a eso hay que tenerle muchísimo respeto. En los tres casos, el reto es el mismo: ¿cómo consigo que esa persona no solo no se levante de su butaca, sino que disfrute tanto de lo que estamos ofreciendo hasta el punto de que convierta la asistencia a conciertos en parte de su cotidianeidad? El reto es el mismo.
Por eso, creo que la gran diferencia entre la asistencia a conciertos como los del Salón del Ateneo y el cine o el teatro es que con la música de cámara (o, si se quiere, cualquier tipo de música a la que llamamos clásica) hay una suerte de barrera inicial, un rechazo reverencial o prejuicio, que da por hecho que la música ha de ser algo alejado, altivo e, incluso, aburrido. No sé demasiado bien a qué se debe, pero con el Salón del Ateneo lo que intentamos es, precisamente, romper esa barrera con repertorios abiertos, atractivos, diferentes y que siempre aporten algo nuevo al oyente.
9. En un ciclo tan volcado en la cuerda, el viento y la voz, ¿qué lugar ocupa el piano? ¿Hay repertorio pianístico contemporáneo que te gustaría programar y todavía no has podido?
El piano es, por supuesto, un instrumento clave para la música de cámara. Es cierto que esta temporada su presencia es algo menor, aunque sí ha estado muy presente en nuestras temporadas anteriores. No solo con recitales de piano solo (Alberto Rosado presentó su programa El Piano Húngaro hace un par de temporadas, Emma Stratton también nos ha visitado, por dar tan solo un par de ejemplos), sino como integrante de agrupaciones de cámara, donde aporta una voz, una cohesión y calidez muy especiales. No en vano, en próximas temporadas seguro volveremos a incluir programas de trío con piano, que quizá sea la agrupación de cámara por excelencia, así como de otras agrupaciones que tengan al piano como protagonista.
10. Un abono de nueve conciertos exige confianza a ciegas: el público compra sin saber del todo qué va a escuchar. ¿Qué le dirías a alguien que duda entre venir a un programa con música que no conoce o quedarse en casa?
Que no lo dude, porque la música nunca defrauda. Es cierto que un abono es una apuesta a ciegas y por eso cada abonado que decide apostar por nosotros nos da la mayor de las alegrías. Sobre todo cuando vemos a abonados que repiten temporada tras temporada. Así que eso es lo que podría decirles: que los abonados que se atreven a apostar por nosotros, repiten y que estamos viendo cómo nuestra base de abonados va creciendo año tras año de manera muy clara. Quien apuesta por el Salón del Ateneo, no se arrepiente.
