Anna Cano

  • Steinway & Sons anillo

Artista del mes: Guillermo Rodríguez

Este mes, en nuestro espacio dedicado a entrevistas, presentamos a Guillermo Rodríguez, un pianista español cuya trayectoria trasciende los escenarios para adentrarse en el corazón de las políticas culturales y la educación musical.

TALENTO Y COMPROMISO CULTURAL

Guillermo Rodríguez es un pianista español afincado en Bruselas. Su carrera se caracteriza por un profundo compromiso con la música y su papel en la sociedad. Más allá de su faceta como intérprete, Rodríguez ha demostrado ser un activo gestor cultural. Es cofundador de la Federación Nacional de Estudiantes de Música de España, una iniciativa que refleja su temprana vocación por organizar y fortalecer el ecosistema musical desde sus bases.

Su labor le ha llevado a colaborar con organizaciones de primer nivel como la Asociación Europea de Conservatorios, la UNESCO, el European Music Council y la European Performing Arts Students’ Association. Esta faceta de su carrera se centra en promover políticas públicas que sitúen la cultura y la educación artística como pilares fundamentales del desarrollo sostenible.

En el ámbito profesional, ha sido responsable de políticas culturales y democracia cultural en la organización Kubbo. En marzo de 2025, dio un paso más en su carrera al incorporarse a Harmon, donde continúa desarrollando su labor en el ámbito de la política cultural. Este nuevo proyecto, con sede en Bruselas, promete ser el siguiente capítulo en su incansable labor por lograr un ecosistema cultural más fuerte e inclusivo.

El perfil de Guillermo Rodríguez es el de un músico completo, que combina la práctica artística con una sólida visión estratégica para el futuro de la cultura.

NUESTRA ENTREVISTA CON GUILLERMO RODRÍGUEZ

1) Además de pianista, trabajas muy activamente en mediación y políticas culturales. Para alguien que nunca ha escuchado ese término, ¿qué es exactamente la mediación cultural y por qué debería importarnos?

Mi miedo siempre es que, de tanto hablar de mediación, acabe pasando como con otras palabras (como innovación o sostenibilidad), que terminan utilizándose para hablar de casi cualquier cosa y, precisamente por eso, pierden parte de su significado.

En Ágora, el congreso de música clásica que organizamos en octubre de 2025, la mediación era uno de los tres temas principales, aunque acabó acaparándolo prácticamente todo. Después de tres días de conversaciones, una de las conclusiones fue que necesitamos definir colectivamente qué entendemos por mediación, construir un vocabulario común y fortalecer su legitimidad dentro de nuestro ecosistema.

La realidad es que todavía existe cierta tendencia, especialmente en el ámbito de la música clásica, a entender la mediación como alguien que sale antes de un concierto para explicar lo que el público va a escuchar. Por supuesto que eso es una herramienta de mediación, pero también es mucho más.

Para mí, la mediación es un conjunto de prácticas que buscan crear las condiciones para que las personas puedan relacionarse de forma significativa con la cultura. No se trata de simplificar el arte ni de explicarlo todo, sino de construir puentes entre artistas y ciudadanía, entre instituciones y sociedad y entre quienes ya participan de la vida cultural y quienes sienten que esos espacios no están hechos para ellos.

Creo que en el mundo de la música clásica existe cierta tendencia a que cualquier debate acabe desembocando en una reflexión sobre los “públicos”, y ahí es donde me parece que deberíamos cambiar el enfoque. Más que reflexionar sobre cómo atraer públicos, deberíamos preguntarnos qué papel puede desempeñar cada institución para contribuir a que las personas puedan acceder, participar y crear cultura desde su propia experiencia, su contexto y sus propios códigos.

El reto no es hacer la cultura más simple, sino más accesible en el sentido amplio de la palabra. No se trata solo de acercar las personas a la cultura, sino también de acercar la cultura a la vida de las personas.

2) Muchas veces se habla de la música como algo “bonito”, pero no siempre como algo necesario. ¿Crees que una sociedad escucha peor y convive peor cuando pierde el contacto con la cultura?

Generalizando y simplificando mucho, porque es un debate que daría para muchísimo, creo que muchas veces reducimos nuestra relación con la música a momentos muy concretos: ir al concierto de la orquesta sinfónica de tu ciudad o a un concierto de Bad Bunny.

Sin embargo, la música está muchísimo más presente en nuestras vidas de lo que solemos pensar. Está en las películas que vemos, en la publicidad, en los videojuegos, en las celebraciones, en los funerales, en los estadios, en las manifestaciones… Incluso la utilizamos para estudiar, relajarnos o recordar momentos importantes de nuestra vida.

Creo que no existe una conciencia suficientemente real, ni suficiente pedagogía, sobre cuál es la presencia y la importancia de la música (y del arte, en general) en nuestra sociedad. Tampoco sobre todo el trabajo, el conocimiento y los procesos creativos que hay detrás de aquello que consumimos con tanta naturalidad.

Quizá por eso muchas veces seguimos hablando de la cultura como algo “bonito” o accesorio (lo de “bonito” también da para otro debate), cuando en realidad es una parte esencial de cómo entendemos el mundo, construimos identidad y nos relacionamos con los demás. La cultura no resuelve todos los problemas, pero sí nos ayuda a desarrollar capacidades fundamentales para convivir: la empatía, la imaginación o la capacidad de matizar y de aceptar que la realidad casi nunca es tan simple como nos gustaría.

3) Has trabajado tanto sobre el escenario como dentro de instituciones culturales europeas. ¿Qué has aprendido viendo la música desde esos dos lugares tan distintos?

Mi llegada al mundo más “activista” nació, precisamente, de mi experiencia como estudiante. Fue una forma de intentar canalizar frustraciones y de contribuir a mejorar cosas que veía que no funcionaban o que, directamente, dejaban a mucha gente por el camino. Es por eso que, en mi cabeza, estos dos mundos están mucho más conectados de lo que la gente suele imaginar. Creo que conocer una misma realidad desde dos perspectivas complementarias, sin necesidad de entrar hasta la cocina, te da mucha paz y también te ayuda a tomar mejores decisiones profesionales.

Por lo general, me pasa que cuando hablo con estudiantes de conservatorio, más que el enfado me preocupa la sensación de agotamiento. Ese “¿para qué voy a hacer algo si esto es así y no va a cambiar?”. Durante nuestra carrera hay muchos porqués que nunca llegan a tener respuesta.

Conocer cuáles son las cuestiones o las realidades que bloquean determinadas cosas ayuda. A veces te enfada; otras, te ayuda a entender la lentitud de determinados procesos o a descubrir que hay mucha más gente de la que parece trabajando para que las cosas mejoren. Y, sobre todo, te da más información para saber qué lugar quieres ocupar tú dentro de todo ese ecosistema y cómo puedes contribuir, desde tu aula, desde el escenario… a mejorar las cosas.

De la misma manera, las políticas culturales corren el riesgo constante de volverse abstractas y de alejarse de la realidad cotidiana de quienes crean, interpretan, enseñan o viven la cultura de una manera u otra. De alguna manera, siento que no podría hacer bien mi trabajo si no mantuviese un pie en la práctica artística.

En resumen, necesito seguir tocando para no olvidar para quién se diseñan las políticas culturales, y necesito seguir trabajando en políticas culturales para entender mejor el contexto en el que estamos y poder aportar mi granito de arena de alguna forma.

4) Vivimos en una época muy acelerada, donde cuesta incluso prestar atención unos minutos seguidos. ¿Qué puede enseñarnos todavía un concierto de piano en pleno 2026?

Ya no tanto un concierto de piano en concreto, sino la participación cultural en un sentido más amplio. En un mundo de impulsos instantáneos, creo que la cultura puede generar precisamente esos espacios que cada vez nos faltan más.

En cierto modo, asistir hoy a un concierto de piano es casi un acto de rebeldía frente a la lógica de la velocidad permanente. Pararte durante una hora simplemente a escuchar, sin esperar una recompensa inmediata, sin atajos, sin estar cambiando constantemente de estímulo o mirando el móvil, es algo que hacemos cada vez menos.

Creo que, más que enseñarnos, nos recuerda que no todo lo valioso tiene por qué ser inmediato. Hay experiencias que necesitan tiempo para desarrollarse, igual que las personas necesitan tiempo para explicarse y comprenderse, o que los procesos creativos (y tantos otros) también requieren su propio ritmo.

Esto podríamos aplicarlo igualmente a la experiencia de visitar un museo, dejándote llevar o parándote delante de un cuadro. Pero hay algo especial en un concierto que creo que hoy pasamos demasiado por alto: durante una hora, todas las personas comparten el mismo silencio, la misma música y el mismo tiempo. En una sociedad cada vez más individualizada, no me parece una cosa menor.

5) Gran parte de tu trabajo busca conectar artistas, instituciones y público. ¿Cuál dirías que es hoy el gran problema de la música clásica: falta de interés o falta de puentes?

Las dos, ¡pero no lo digo yo!

Empezando por la primera, según la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España (2024-2025), el principal motivo por el que la gente no asiste a conciertos de música clásica es la “falta de interés”, que ronda el 42 %.

Lo que me fascina es la poca atención que todavía le estamos prestando a qué significa realmente esa “falta de interés”. Puede responder a muchísimas razones distintas, y no creo que debamos resignarnos y decir: “Ah, vale, pues ya está”, y menos en el mundo de la música clásica.

Existen muchas barreras invisibles, preconceptuales, que hacen que no nos sintamos interpelados por determinadas experiencias culturales: pensar que ese lugar no es para ti por el código postal en el que has nacido, por tu forma de vestir, de hablar o, simplemente, porque nunca nadie te ha hecho sentir que pertenecías a ese espacio. Creo que, si queremos hacer un análisis serio sobre la relación entre la sociedad y la cultura (y viceversa), deberíamos empezar por detenernos a reflexionar sobre eso.

En cuanto a los puentes, siempre he sido un poco abogado del diablo con lo mío. Tenemos una enorme tendencia a hablar casi exclusivamente con quienes ya forman parte de nuestra burbuja. 

Hay muchos motivos, y no es solo porque estemos todos ciegos; también responde a una desconfianza acumulada durante muchos años, provocada, entre otras cosas, por la instrumentalización constante de la cultura. Precisamente por eso, creo que si queremos afrontar muchos de los retos que tenemos por delante, es fundamental abrirnos y empezar a hablar más con el mundo que nos rodea. Entender tu entorno no tiene por qué significar perder tu identidad. De hecho, creo que conocer los lenguajes y los códigos del “resto del mundo” te permite defender mucho mejor aquello en lo que crees.

6) Has defendido la cultura como un bien esencial. Si tuvieras que convencer a alguien que piensa que la cultura es “secundaria”, ¿qué argumento usarías?

Creo que ya he respondido en parte antes. El principal problema es que la cultura es tantas cosas y atraviesa tantos aspectos de nuestra vida que, paradójicamente, en muchos casos acaba volviéndose invisible.

Si pensásemos cómo sería una sociedad sin literatura, sin música, sin patrimonio, sin fiestas populares, sin diversidad lingüística o sin espacios donde construir una identidad colectiva, enseguida nos daríamos cuenta de su importancia.

En política cultural cada vez hablamos más de la cultura como una infraestructura. Igual que una ciudad necesita carreteras, escuelas u hospitales para funcionar, también necesita una infraestructura cultural: espacios, personas, redes, conocimientos y prácticas que permiten que una comunidad se encuentre, se exprese, construya valores compartidos y sea capaz de imaginar su propio futuro.

Durante mucho tiempo hemos intentado explicar la importancia de la cultura a través de sus distintos “apellidos”: genera impacto económico, contribuye al bienestar o favorece la cohesión social. Todo eso es cierto, y cada vez tenemos más evidencias que lo demuestran.

Aun así, en ese esfuerzo por justificarla, corremos el riesgo de olvidar su valor intrínseco. Hay que seguir protegiendo también ese libro que lees de pequeño y que, sin responder a ningún “apellido” concreto, te abre un mundo nuevo. No todo lo valioso necesita justificarse por el impacto que genera en otros ámbitos.

Creo que el valor más profundo de la cultura no está solo en aquello que produce o en los beneficios que genera para otros ámbitos. Está también en todo lo que hace posible: que imaginemos otros mundos, que nos hagamos preguntas, que construyamos una identidad individual y colectiva, que demos sentido a lo que vivimos o que, simplemente, seamos un poco más humanos.

7) Tu carrera te ha llevado por escenarios e instituciones de muchos países europeos. ¿Hay algún modelo cultural fuera de España que creas que deberíamos mirar con más atención?

Los copia y pega nunca son la mejor idea, porque incluso en los casos más obvios siempre hay que preguntarse de dónde viene cada cosa y por qué funciona como funciona, y cada contexto socioeconómico en el que se desarrolla un modelo es totalmente diferente. Hay varios ejemplos que me parecen interesantes.

En Polonia me sorprendió muchísimo lo arraigada que está la música en la identidad del país y el sistema público de escuelas integradas y escuelas de música, que permite que mucha gente pueda acceder a un instrumento y conocer la música a su ritmo. Sí que es cierto que, una vez llegas a determinados niveles de formación, sigue siendo una estructura extremadamente competitiva y muy piramidal, donde la lógica del éxito y el fracaso acaba llevándose a mucha gente por delante.

En China impresiona la enorme inversión que están realizando (también fichando a docentes o directivos de conservatorios europeos o estadounidenses, casi como si fueran jugadores de fútbol), pero, sobre todo, lo arraigada que está la dimensión comunitaria de la cultura y la importancia que ocupa en la sociedad. Ahora bien, tanto en Polonia como en China hay que preguntarse de dónde viene todo eso y cómo ha sido utilizado por determinados regímenes en el pasado o en el presente.

Por otro lado, Corea del Sur es el mejor ejemplo, o quizá el único, de un país que ha desarrollado una auténtica estrategia industrial para su cultura. Para explorar el “pero” en este caso, os recomiendo un libro: “Culture is not an Industry” de Justin O’Connor.

En España tenemos muchísimas cosas que mejorar, regular y seguir construyendo, pero también un potencial enorme. A veces echo de menos que, cuando hablamos en determinados foros, además de señalar todo lo que queda por mejorar, pongamos también el foco en aquellas conversaciones que podemos liderar y en todo lo que ya tenemos para aportar.

Países como Colombia, Brasil o México están generando algunos de los marcos conceptuales más innovadores en cultura en los últimos años, y España está desempeñando un papel muy importante en la incorporación de algunos de ellos al debate europeo, en especial con los derechos culturales.

Cuando hablamos de derechos culturales, hablamos de cultura entendida como el conjunto de prácticas, procesos y espacios que permiten el acceso, la participación, la mediación y la creación cultural, y no únicamente como producción o consumo de bienes culturales. Es una mirada que puede ayudarnos a responder muchas de las preguntas que han ido apareciendo durante esta conversación. Si conseguimos incorporar ese prisma al resto de debates sobre educación, mediación, participación o políticas culturales, probablemente encontraremos muchas respuestas.

8) Como pianista, ¿qué tiene el piano que sigue emocionando incluso a personas que no escuchan música clásica habitualmente?

Hay una parte contradictoria del piano que me fascina: cómo un trozo de madera, metal y unas cuantas cuerdas, que además al tocar está mucho más desconectado de tu cuerpo que otros instrumentos y con un sonido aparentemente tan plano y caduco, puede llegar a generar tanto.

Creo que una de las razones es la inmensa suerte de contar con un repertorio prácticamente infinito, tanto por cantidad como porque, durante siglos, el piano (o su familia de instrumentos) ha sido el laboratorio creativo de tantísimos compositores y desde estéticas muy distintas. Ha servido para experimentar, para acompañar, para cantar…

Además, creo que hay una parte “democrática” en el piano. Es uno de los instrumentos más accesibles para que cualquiera pueda sentarse, tocar unos acordes y hacer que suene razonablemente bien sin necesitar años de práctica. Quizá esa mezcla de simplicidad y complejidad, de cercanía y profundidad, unida a un repertorio prácticamente infinito, es lo que lo hace tan especial.

9) También trabajas mucho con jóvenes y con redes culturales nuevas. ¿Crees que las nuevas generaciones se relacionan con la música de una forma diferente a como lo hacían hace veinte años?

Sí, por supuesto, y seguirá cambiando. Pero simplemente porque la manera de acceder a la cultura hoy es totalmente distinta a la de hace veinte años, igual que la de hace cuarenta era distinta a la de hace veinte y la de dentro de veinte volverá a ser diferente. Esto no es ni mejor ni peor; es algo natural.

Ahora el acceso es prácticamente ilimitado, y eso cambia todo. Cambia no solo lo que escuchas, sino cómo, cuándo y dónde lo haces. Cambia también la facilidad para crear música tú mismo y cuestiona muchas de las jerarquías existentes o de los itinerarios que, hasta hace poco, parecían imprescindibles para llegar a determinados espacios.

Paradójicamente, tener acceso a prácticamente toda la música del mundo no garantiza descubrir una mayor diversidad. A veces ocurre justo lo contrario. Los algoritmos tienden a enseñarte más de aquello que ya sabes que te gusta, pero no necesariamente a llevarte hacia aquello que todavía no sabes que podría gustarte, en especial si proviene de lenguas y culturas minoritarias o de determinados colectivos.

En lo que en inglés se llama discoverability y que en español todavía nos cuesta traducir, está uno de los principales retos actuales. Precisamente por eso, la alfabetización digital se vuelve cada vez más importante para aprender a elegir, a contextualizar y a descubrir.

Tenemos que ser capaces de analizar estos cambios, entender los códigos con los que se relacionan hoy las nuevas generaciones y comprender las formas en las que acceden a la cultura. Seguimos hablando muchas veces de cómo hacer que los jóvenes vengan a nuestras instituciones, cuando la pregunta debería ser cómo entendemos las formas en las que ellos ya se están relacionando con la cultura. Esto obliga a las propias instituciones a hacerse preguntas, pero también a darle espacio a ellos a que las hagan desde dentro. Ya no pueden dar por hecho que la sociedad las considera relevantes; esa legitimidad hay que construirla cada día, dialogando con las personas y siendo capaces de demostrar por qué siguen teniendo sentido en un contexto que cambia constantemente.

10) Fuera de la música, ¿qué libro, película o experiencia reciente te ha hecho pensar especialmente sobre el mundo en el que vivimos?

Más que un libro o una película concreta, me hace pensar mucho la situación global que estamos viviendo.

Me abruma la gamificación de la realidad. Cómo cuestiones que hace unos años nos habrían parecido fundamentales ya ni siquiera se discuten, sino que se evaporan con una naturalidad que da miedo. Cómo vemos imágenes de guerras o catástrofes acompañadas de música de videojuego, hasta el punto de que a veces cuesta distinguir entre información y entretenimiento.

Me preocupa especialmente que la desinformación no consista en que alguien te cuele una noticia falsa, sino en que nos acabamos creyendo solo aquello que más se parece a lo que ya pensábamos o reaccionando únicamente a lo que más rabia nos produce. Nunca habíamos tenido tantas herramientas para comunicarnos y, sin embargo, cada vez parece más difícil construir conversaciones largas, complejas y con matices.

También me hace pensar cómo hemos convertido la velocidad en un valor en sí mismo. Da la sensación de que todo tiene que ser inmediato: la información, el ocio, incluso las opiniones. Creo que eso tiene consecuencias profundas sobre cómo pensamos y cómo convivimos. Estamos perdiendo la capacidad de descubrir a través de la curiosidad.

11) En un momento tan polarizado socialmente, ¿puede la música servir todavía como espacio de encuentro real entre personas muy distintas o eso es una idea demasiado romántica?

Más allá de lo que he dicho hasta ahora, lo llevo mucho a mi propia experiencia. Siempre digo que lo más bonito de haber estudiado lo que he estudiado no ha sido ni siquiera tocar el piano, sino haber tenido la oportunidad de compartir música, debates y experiencias con personas de todo el mundo. Obviamente soy muy afortunado por haber vivido eso, pero creo que, en mayor o menor medida, la cultura tiene esa capacidad de generar encuentros.

La música no elimina automáticamente los desacuerdos ni las diferencias, pero sí crea situaciones donde personas muy distintas comparten tiempo, atención y emociones. Eso, hoy en día, tiene muchísimo valor. Quizá por eso sigo pensando que un concierto, un museo o un teatro tienen hoy más importancia que nunca: porque siguen siendo algunos de los pocos espacios donde personas muy diferentes pueden coincidir alrededor de algo común.

Eso no ocurre solo en un auditorio, ocurre cuando alguien se apunta a un coro de su barrio, cuando canta con sus amigos o cuando participa en una banda o en un proyecto comunitario. Muchas encuestas nos muestran que la cultura es uno de los mayores factores para favorecer la cohesión social e, incluso, para fijar población en un territorio. Creo que hay pocas cosas más bonitas y que unan más que compartir cultura.

12) Después de tantos proyectos internacionales, reuniones institucionales y conciertos, ¿qué es lo que todavía te hace sentir que merece la pena dedicar la vida a la música y a la cultura?

Pues, simplemente, porque adoro la música (y el piano, en especial). Me sigue fascinando el proceso creativo y la posibilidad de compartirlo con otras personas. Especialmente en la música de cámara: esa sensación de construir algo entre varios, de escucharse constantemente y de generar un espacio en el que, durante un rato, todo el mundo conecta alrededor de algo.

De alguna manera, todo eso siempre lo he vivido desde un activismo que me llevó a hacer lo que hago. Desde un cierto inconformismo (que no frustración) que creo que me acompañará toda la vida. Para mí, el inconformismo consiste en pensar que las cosas siempre pueden hacerse un poco mejor y que todos podemos aportar algo para conseguirlo.

En nuestros centros de estudios dedicamos muchísimo tiempo, asignaturas y recursos a preguntarnos qué habilidades necesitamos desarrollar para convertirnos en ese profesional 360 absolutamente perfecto (¿es eso posible?). Sin embargo, hablamos todavía muy poco sobre qué papel queremos jugar en la sociedad como artistas, qué podemos aportar y desde qué lugar queremos hacerlo.

Intento que esa pregunta guíe casi todas las decisiones que tomo y, probablemente (espero), siga siendo una de las grandes razones por las que me levanto cada mañana con ganas de seguir dedicándome a la música y a la política cultural.

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Cómo restaurar un piano antiguo y conservar su valor histórico bajo el sello Hinves

Un piano antiguo es mucho más que un instrumento musical. Es el reflejo de una época, de una tradición artesanal y, en muchos casos, de una historia familiar que ha pasado de generación en generación. Mientras muchos objetos pierden valor con el paso del tiempo, un piano acústico restaurado puede mantener —e, incluso, incrementar— su prestigio y su valor.

Restaurar un piano antiguo no consiste únicamente en recuperar su funcionalidad. El verdadero objetivo es preservar su identidad, respetar su construcción original y garantizar que continúe formando parte del patrimonio de generaciones futuras.

RESTAURAR PARA CONSERVAR LA ESENCIA

Cada piano posee una personalidad propia. La combinación de sus maderas, su sistema acústico, la mecánica y los procesos de fabricación hacen que cada instrumento sea único e irrepetible.

La restauración busca conservar esa esencia. No pretende transformar el piano en un instrumento diferente, sino devolverle las prestaciones, el carácter sonoro y la belleza con los que fue concebido.

Este trabajo requiere conocimientos especializados, experiencia y un profundo respeto por la historia del instrumento. Por ello, cada intervención comienza con una evaluación técnica completa que permite determinar qué elementos deben conservarse, cuáles necesitan ser restaurados y qué componentes, por su desgaste natural, conviene sustituir por piezas originales o compatibles con las especificaciones del fabricante.

EL VALOR DEL SELLO HINVES

En HINVES, la restauración de pianos forma parte de una filosofía de trabajo basada en la excelencia técnica y el respeto por el instrumento. Este compromiso se materializa en lo que denominamos el Sello Hinves, una forma de entender el piano que combina tradición, conocimiento y máxima exigencia en cada proceso.

Detrás de este sello, existe un equipo propio formado por especialistas que ofrecen un servicio integral de restauración y acompaña al propietario antes, durante y después del proceso.

El trabajo no finaliza cuando el piano abandona el taller. El asesoramiento para su mantenimiento, las revisiones periódicas y la orientación sobre las mejores condiciones ambientales forman parte de un acompañamiento pensado para que el instrumento conserve todas sus cualidades durante muchas décadas.

UNA SEGUNDA VIDA CON CONCIENCIA ECOLÓGICA

La restauración de pianos también representa una forma responsable de entender el consumo frente a la cultura de sustituir por productos nuevos. Esta segunda vida reduce el uso de materias primas, aprovecha el enorme valor de los materiales originales y evita la pérdida de auténticas obras de artesanía.

Por eso, cada restauración es también un ejercicio de sostenibilidad, ya que preserva recursos y mantiene vivo un patrimonio musical difícilmente reemplazable. Un piano restaurado bajo el sello Hinves no solo recupera sus prestaciones musicales, sino que continúa escribiendo su propia historia.

En HINVES, cada intervención se lleva a cabo con criterios de autenticidad, precisión y respeto por la construcción original porque conservar un piano antiguo es mucho más que reparar un objeto. Significa mantener viva una tradición artesanal, preservar un legado familiar y garantizar que futuras generaciones puedan seguir disfrutando del mismo instrumento.

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Haydn, el humorista del teclado

Cuando pensamos en los grandes compositores de siglos pasados, imaginamos a músicos solemnes entregados por completo a la perfección de sus partituras. Sin embargo, Joseph Haydn (1732-1809) rompía ese estereotipo. Considerado el padre de la sinfonía y uno de los grandes impulsores del cuarteto de cuerda, el compositor austríaco era un hombre ingenioso, cercano y con un extraordinario sentido del humor. Su personalidad quedó reflejada en muchas de sus obras, donde escondía bromas musicales capaces de sorprender tanto al público como a los intérpretes.

DE LAS DIFICULTADES ECONÓMICAS AL ÉXITO INTERNACIONAL

Haydn nació en Rohrau, una pequeña localidad de Austria, y desde muy joven destacó por sus aptitudes musicales. Se formó como niño cantor en la catedral de San Esteban de Viena. Tras años de dificultades económicas, se convirtió en maestro de capilla de la poderosa familia Esterházy. Durante casi tres décadas trabajó para esta corte, donde dispuso de una excelente orquesta y pudo desarrollar un lenguaje musical propio. Más adelante, se convirtió en uno de los compositores más admirados de Europa.

El compositor austríaco no solo era un creador brillante. También disfrutaba jugando con las expectativas de quienes escuchaban su música. Su humor no era estridente ni extravagante, sino elegante e inteligente.

LAS BROMAS ESCONDIDAS EN SUS OBRAS

Con su habilidad para detectar cuándo romper una estructura aparentemente predecible, podía provocar una sonrisa o un momento de desconcierto. Uno de los ejemplos más conocidos es la Sinfonía n.º 45, conocida como Sinfonía de los Adioses.

Los músicos de la corte Esterházy llevaban meses lejos de sus familias y deseaban volver a casa. En lugar de realizar una petición formal, Haydn decidió convertir el mensaje en música. Durante el último movimiento, los intérpretes van apagando las velas de sus atriles y abandonan el escenario uno tras otro hasta que solo permanecen dos violines. El príncipe entendió la indirecta y permitió que la orquesta regresara con sus familias. La obra se convirtió en una de las bromas musicales más ingeniosas de la historia.

Igualmente famosa es la Sinfonía n.º 94, conocida como La Sorpresa. En el segundo movimiento, una melodía suave y delicada transcurre con total tranquilidad hasta que, de forma inesperada, toda la orquesta irrumpe con un fortísimo acompañado de un contundente acorde. Se dice que Haydn afirmaba que su intención era despertar a los espectadores que se quedaban dormidos durante los conciertos. El efecto sigue sorprendiendo al público casi tres siglos después.

Otra de las anécdotas más repetidas cuenta que, durante una reunión informal, llegó a tocar algunas notas del teclado utilizando la nariz para divertir a los presentes. Aunque los historiadores no pueden confirmar con absoluta certeza que el episodio sucediera exactamente así, el relato refleja la imagen que sus contemporáneos tenían de él: un músico brillante que no temía reírse de sí mismo ni romper el protocolo cuando la ocasión lo permitía.

Una gran parte del legado de Joseph Haydn fue demostrar que el virtuosismo y el humor no son incompatibles. Gracias a su imaginación, la música encontró una nueva forma de dialogar con el público.

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Artista del mes: Natalia Labourdette y Victoria Guerrero

En esta ocasión, nos entrevistamos con Natalia Labourdette y Victoria Guerrero, soprano y pianista, respectivamente, que se han consolidado como uno de los dúos españoles más destacados en el ámbito del lied y la canción de concierto. Su trabajo conjunto demuestra cómo la complicidad entre voz y piano puede convertirse en una herramienta para descubrir nuevos repertorios y ofrecer interpretaciones de gran sensibilidad.

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Schubert en habitaciones diminutas

Franz Schubert (1797-1828) fue uno de los compositores más importantes de la historia de la música y una figura clave del Romanticismo. Aunque durante su vida no alcanzó la fama de otros compositores coetáneos, dejó un catálogo extraordinario que incluye nueve sinfonías, trece óperas, música de cámara, obras para piano y más de seiscientas canciones para voz y piano, conocidas como Lieder.

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Artista del mes: Daniel Pinteño

Nuestra sección está dedicada en esta ocasión a Daniel Pinteño (Málaga, 9 de junio de 1985), violinista y director de Concerto 1700, una agrupación centrada en la recuperación del patrimonio musical español del siglo XVIII.

Tras su formación musical como violinista en el Conservatorio Profesional de Música de Murcia, en 2003 cursó estudios superiores en el Conservatorio Superior de Música de Aragón. En Karlsruhe (Alemania), continuó su perfeccionamiento de la mano del violinista Nachum Erlich.

Posteriormente, comenzó Musicología en la Universidad de La Rioja y comenzó a orientar su carrera hacia la interpretación históricamente informada. Se especializó en violín barroco en el Conservatoire à Rayonnement Régional de Toulouse con Gilles Colliard y en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid con Hiro Kurosaki. 

Sus colaboraciones con algunas de las formaciones de música antigua más importantes de España, como Forma Antiqva, La Ritirata o Al Ayre Español, dieron paso a la participación en grabaciones para RTVE, Glossa, ABC Classics, Arte TV y otras cadenas.

En 2015, fundó Concerto 1700, con el que ha estrenado recuperaciones de obras de autores como José de Torres, Francisco Hernández Illana o José de Herrando.

GIRA 2026-2027 Y PROYECTO PEDAGÓGICO  

El 1 de julio comienza su nueva gira, cuyo primer destino es el West Cork Chamber Music Festival, un encuentro que desde 1995 transforma la localidad costera de Bantry en un epicentro internacional de música de cámara. La sensación de cercanía que transmite, la convivencia entre artistas y público y el uso de espacios históricos, como Bantry House o la iglesia de St. Brendan, han convertido el festival en referente europeo. Entre los días 1 y 4 de julio, Concerto 1700 ofrece allí cuatro programas distintos y un proyecto pedagógico abierto al público.

La agrupación de Daniel Pinteño presentará una panorámica excepcional del repertorio europeo del siglo XVIII, articulada en torno a su labor de recuperación del patrimonio hispánico. 

El recorrido abarca los tríos de José Castel —uno de los compositores más desconocidos del clasicismo español—, obras de Luigi Boccherini y Joseph Haydn. Continúa con los cuartetos de Gaetano Brunetti y Pietro Nardini, que el grupo ha rescatado recientemente en grabaciones de referencia, y se  expande hacia el terreno vocal con las cantatas de Domenico Scarlatti interpretadas por Ana Vieira Leite, soprano portuguesa formada en la Haute École de Musique de Genève y ganadora del Concours International de Chant Baroque de Froville. 

El ciclo culmina con un programa íntegro de arias alemanas de Georg Friedrich Händel, una propuesta de gran exigencia técnica que el ensemble ya presentó con éxito en su grabación realizada para ARTE.tv.

Además de los conciertos, el grupo participa en el proyecto pedagógico del festival, impartiendo tres clases magistrales abiertas al público en colaboración con la Irish Baroque Orchestra. Afirma Daniel Pinteño: “En Concerto 1700 entendemos la música antigua como un lenguaje vivo, no como una pieza de museo. Poder compartirlo con jóvenes intérpretes en un entorno tan inspirador es parte de nuestra misión artística”.

LOS “ENCUENTROS BARROCOS” DE FALLA Y LORCA EN DINAMARCA

Tras su paso por Irlanda, Concerto 1700 viajará al Hindsgavl Festival, una institución fundada en 1951 y considerada uno de los laboratorios artísticos más estimulantes de Europa. Celebrado en el castillo de Hindsgavl, el festival reúne a músicos y público en un único espacio para fomentar la convivencia creativa que define el espíritu del festival.

En este contexto, el 7 de julio el ensemble de Daniel Pinteño presentará Falla & Lorca: Baroque Meetings, un proyecto que será uno de los ejes centrales de su actividad en 2026 y 2027, coincidiendo con el Año Falla (150 aniversario del compositor) y con la llegada en 2027 del centenario de la generación del 27. 

La propuesta traza un diálogo entre el universo poético y musical de Federico García Lorca y las raíces barrocas que atraviesan buena parte de su imaginario, conectando la tradición española con una lectura contemporánea y profundamente expresiva. Para esta ocasión, la cantaora catalana Anna Colom será la solista invitada, una artista de sólida trayectoria en el ámbito del flamenco actual, conocida por su versatilidad y por colaboraciones con figuras como Rosalía o Las Migas.

Daniel Pinteño nos explica: “Nuestra presencia en estos festivales es la confirmación definitiva de la madurez artística de Concerto 1700 en la escena europea. Poder desplegar cuatro programas distintos en Irlanda y presentar una propuesta tan personal como Falla & Lorca: Baroque Meetings en Dinamarca es un reconocimiento al rigor con el que trabajamos la recuperación de nuestro patrimonio”.

El programa ya tiene confirmadas próximas fechas en el Festival de Torroella de Montgrí (20 de agosto) y en el Festival de Música Española de Cádiz (21 de noviembre). Además, Concerto 1700 actuará en la Semana de Música Antigua de Álava junto a Carlos Mena con “In Via: El camino de Simón de Cirene” (19 de septiembre), y en el Festival Fora do Lugar en Portugal con “Back to Follia!” (5 de diciembre).

NUESTRA ENTREVISTA CON DANIEL PINTEÑO

1. Acaban de publicar la integral de los cuartetos Op. 22 de Boccherini, una música extraordinaria y, sin embargo, poco presente en las salas de concierto. ¿Cómo se explica que algunas obras maestras necesiten dos siglos para encontrar realmente a su público?

A veces, la historia de la música se escribe con una brocha demasiado gorda. Nos hemos acostumbrado a un relato lineal donde parece que el cuarteto clásico solo existe si sigue el manual de instrucciones formal que se inventó en Viena. Si no cuadraba con el molde de Haydn o Mozart, se apartaba. Boccherini no jugaba a eso; él hacía música desde otra sensibilidad, primando el color y el juego instrumental sobre la arquitectura pura. 

El público actual ya no busca que todas las obras maestras respondan al mismo patrón; quiere que le sorprendan, y por eso la frescura de Boccherini encaja ahora mejor que nunca. Sencillamente, hemos tenido que aprender a escuchar sin los prejuicios del pasado.

2. Usted habla de un «Boccherini madrileño». Cuando pensamos en el Madrid del siglo XVIII, no solemos imaginar una de las capitales musicales de Europa. ¿Qué ciudad descubriría el oyente detrás de estas partituras?

Detrás de esta música descubrimos una ciudad cosmopolita, vibrante y muy conectada, lejos de esa imagen de periferia aislada que a veces nos han pintado. Madrid en el siglo XVIII funcionaba como una esponja: absorbía el talento de cientos de músicos europeos —especialmente italianos— que venían atraídos por una corte con un gusto musical refinadísimo. Pero lo bonito es que no era un arte solo de palacio. En estas partituras palpita un Madrid donde lo cortesano transmite la energía de la calle, de sus ritmos, de sus canciones y de ese punto melancólico tan característico de nuestra cultura. Es una música aristocrática, sí, pero como casi toda la música de Boccherini, tiene un pie puesto en las plazas de la Villa y Corte.

3. Tras el éxito del proyecto dedicado a Brunetti, parece que está construyendo una especie de mapa sonoro del Madrid ilustrado. ¿Qué le atrae de ese momento concreto de nuestra historia musical?

Me fascina la sensación de descubrir las joyas de una etapa que siempre ha permanecido a la sombra de otros periodos de nuestra cultura musical. Estas décadas del siglo XVIII en España son un terreno fértil donde la conexión transfronteriza nos permite estar vinculados a las nuevas modas que triunfan en Europa, proponiendo de hecho nuestras propias ideas. A la vista está con la original música de cámara compuesta tanto por Boccherini como por Brunetti durante esos años. 

Además, hay una parte puramente artesanal que me atrapa: ver un manuscrito o una primera edición, estudiarla, tomar decisiones fruto de mi bagaje musical y, cómo no, ser el primero en devolverles la vida en concierto o en grabación. Es lo más parecido a ser un detective del tiempo; descubres que el pasado musical de tu entorno era muchísimo más rico de lo que te habían contado.

4. Muchas personas asocian la interpretación histórica con algo académico o arqueológico. Sin embargo, cuando uno escucha a Concerto 1700, encuentra emoción, riesgo y vitalidad. ¿Qué malentendido persiste todavía sobre la música antigua?

El error es confundir el método con el fin. Estudiar los tratados de la época o analizar cómo se articulaba en 1780 no es para meter la música en una vitrina de museo, sino para saber cómo funcionaba ese motor. Una vez que entiendes las reglas del juego histórico, el objetivo en el escenario es el mismo que el de cualquier músico: transmitir, arriesgar y emocionar. 

La música antigua no es un ejercicio de nostalgia dócil, sino un acto casi revolucionario y arriesgado donde el artista aporta conocimiento y emoción a partes iguales. Yo sé que se ha creado entre algunos oyentes y críticos esa percepción de un sonido estándar, pero, desde mi punto de vista, si al tocarla suena limpia pero fría o predecible, habremos fracasado. Nosotros buscamos un sonido que tenga carne, que respire y que asuma el peligro del directo.

5. Este disco se ha grabado con instrumentos de época, cuerdas de tripa y arcos históricos. ¿Hubo algún momento durante la grabación en el que sintiera que la música revelaba algo que habría permanecido oculto con instrumentos modernos?

Rotundamente sí. De hecho, tengo claro que esta música de Boccherini, cuando se toca con instrumentos históricos, resulta muchísimo más rica en matices que con instrumentos modernos. Los arcos del siglo XVIII (como los de modelo Dodd o Cramer que utilizamos en el disco) pesan y muerden la cuerda de una manera muy diferente a los arcos modernos. 

Hay momentos en estos cuartetos donde Boccherini escribe dinámicas al límite del murmullo o contrastes rítmicos salvajes. La cuerda de tripa reacciona a eso con una riqueza de armónicos y una calidez que el metal moderno amortigua e iguala. Con instrumentos modernos puedes buscar el efecto, pero con los de época el efecto surge de manera natural del propio material.

6. Boccherini fue un compositor que otorgó al violonchelo una importancia inusual. Si tuviera que explicar a un oyente sin formación musical qué hace tan especial su manera de escribir para los instrumentos, ¿qué le diría?

Le diría que se imagine una conversación pausada e inteligente entre cuatro amigos, donde no hay monólogos y todo el mundo se escucha con el máximo respeto. En los cuartetos de la época, el primer violín solía llevar la voz cantante, en lo que algunos musicólogos denominan un modelo de conferencia, mientras los demás hacían de acompañamiento rítmico. 

Boccherini redistribuye las cartas. Como él dominaba el violonchelo a nivel virtuoso, no se limitó a relegarlo a las funciones de bajo: lo sube a la superficie, le da las melodías más expresivas y cantabiles, y obliga a que los violines o la viola pasen a hacer texturas de acompañamiento muy ingeniosas. El resultado es una escritura transparente, con mucho aire y de un equilibrio tímbrico fascinante. No es que el violonchelo mande; es que todos los instrumentos se vuelven cómplices.

7. En Hinves convivimos constantemente con pianistas y con la evolución del instrumento desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Como intérprete historicista, ¿cree que los músicos actuales hemos ganado más de lo que hemos perdido con la perfección técnica de los instrumentos modernos?

Es el gran dilema del progreso. La evolución hacia el instrumento moderno nos ha dado una homogeneidad, una potencia y una estabilidad imbatibles. Sin duda, algo ideal para tocar en un gran auditorio ante dos mil personas. En ese sentido, hemos ganado estabilidad y proyección. Pero la perfección técnica tiene un precio: a veces borra los contrastes más sutiles. 

Si miramos a la familia de la cuerda, los instrumentos y los arcos históricos poseen una flexibilidad y una riqueza de colores tan particulares que la estandarización moderna ha tendido a unificar. Esas pequeñas imperfecciones y características propias de los materiales antiguos son, precisamente, las que nos obligan a buscar soluciones expresivas imaginativas. 

Con la evolución moderna hemos ganado fiabilidad para las grandes salas, pero por el camino se ha quedado esa fragilidad artesanal que hacía que cada instrumento tuviera una voz verdaderamente única y caprichosa.

8. Aunque este repertorio no incluye piano, muchos aficionados descubren la música de cámara precisamente a través de él. ¿Qué papel cree que ha desempeñado el piano en mantener viva la cultura camerística que compositores como Boccherini ayudaron a construir?

El piano fue el gran democratizador, sobre todo, a principios del siglo XIX, pero antes lo fueron otros instrumentos. Hay que pensar en una sociedad sin televisión, radio o internet donde el que podía disfrutar de la cultura en casa tenía dos vías: leer o hacer música. Es ahí donde surge el éxito editorial de la música de cámara. Colecciones como este Opus 22 de Boccherini no se quedaban encerradas en los palacios madrileños; se enviaban de inmediato a los grandes centros editoriales de París, Viena o Londres en busca de un rendimiento comercial directo. 

El público de todo el continente devoraba las últimas novedades de sus autores preferidos y existía una demanda salvaje por conseguir partituras para tocarlas en la intimidad del hogar. Cuando el piano se consolidó como el rey de los salones decimonónicos, heredó de manera natural toda esa efervescencia. A través de los tríos, quintetos con teclado o las reducciones a cuatro manos, el piano asumió la responsabilidad de mantener encendida esa misma llama camerística: el placer puro de reunirse a conversar, escuchar y compartir la música en comunidad.

9. Después de diez años al frente de Concerto 1700, ¿qué ha aprendido sobre el liderazgo de un conjunto? ¿Es más difícil dirigir músicos excelentes o encontrar una visión común para todos ellos?

Más que hablar de dificultad, yo lo plantearía como el reto artístico más bonito de este oficio. Contar con músicos excelentes en Concerto 1700 es un auténtico privilegio que me inspira y me hace mejorar cada día. Por eso, el verdadero aprendizaje en esta década ha sido entender que liderar no consiste en imponer una idea única, sino en saber escuchar y hacer propias las ideas de los demás.

Como siempre digo, el nombre de nuestro grupo nace de la raíz italiana “concertare”, que nos habla de debatir, consensuar y confrontar visiones. El éxito de este liderazgo compartido es conseguir que personalidades musicales tan ricas y diversas aporten su propio punto de vista en el escenario, pero canalizándolas hacia una sola idea musical común. Cuando se genera esa confianza mutua y el grupo reacciona al unísono con una simple mirada, descubres el verdadero sentido de hacer música de cámara.

10. Sus grabaciones recuperan repertorios olvidados, pero vivimos en una época dominada por algoritmos y reproducciones rápidas. ¿Cómo se convence hoy a alguien de que dedique una hora a escuchar seis cuartetos de un compositor del siglo XVIII?

No creo que haya que convencer a nadie con discursos solemnes; prefiero proponerlo como una experiencia de desintoxicación digital. El algoritmo nos bombardea con estímulos instantáneos de pocos segundos que nos agotan el cerebro. Escuchar una colección de cuartetos completa es como sentarse a ver una buena serie: hay un arco narrativo, las tonalidades cambian con un sentido dramático y el orden de las piezas te lleva de un estado de ánimo a otro. Boccherini, además, no exige un esfuerzo intelectual árido; su música entra de manera directa por la frescura de su ritmo y la belleza de sus melodías. Es un viaje comodísimo. Solo hay que apagar el teléfono una hora y dejarse llevar.

11. Si Luigi Boccherini pudiera asistir hoy a la presentación de este disco en Madrid, ¿qué cree que le emocionaría más: escuchar de nuevo su música o descubrir que, más de dos siglos después, todavía seguimos intentando comprenderla?

Estoy seguro de que se reiría mucho al vernos teorizar tanto sobre lo que él componía de forma natural en sus tardes en Boadilla. Pero creo que lo que realmente le tocaría el corazón sería ver que ese lenguaje hiperpersonal que él creó en Madrid, lejos de las modas de su tiempo, ha resistido el paso de los siglos. A un compositor lo que le emociona es la vigencia de su obra: comprobar que los contrastes, las luces y las sombras que introdujo en estas partituras siguen conmoviéndonos casi 300 años después. Saber que su música sigue viva y que sigue teniendo sentido en los escenarios de hoy sería, sin duda, su mayor recompensa.

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El escándalo de “La consagración de la primavera”

El 29 de mayo de 1913, con motivo de la inauguración del recién construido Teatro de los Campos Elíseos, se representó el ballet “La consagración de la primavera”. La obra, creada para la compañía Ballets Rusos, contaba con la coreografía de Vaslav Nijinsky. La composición orquestal fue encargada a un joven Ígor Stravinski.

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¿Qué es el Sello Hinves? Certificación de calidad y garantía en pianos de ocasión

En el mundo de los pianos acústicos de alta gama, una verdad permanece inmutable: un buen piano no nace para unas décadas, sino para varias generaciones. Hablamos de instrumentos con una vida útil que supera con creces la de cualquier producto de consumo contemporáneo. Por eso, adquirir un piano de ocasión no es una opción menor, sino una decisión inteligente, sostenible y acertada.

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Mozart en el teclado

Cierra los ojos y trata de imaginar la Viena de finales del siglo XVIII. ¿Qué sonidos puedes escuchar? Seguramente, música de piano, pero también el murmullo de los salones de la nobleza y un animado ambiente que podría compararse con el hipódromo de Ascot, donde un público VIP acude a ver y ser visto, a apostar y animar a su favorito.

En el siglo XVIII, la capital austriaca era el punto de encuentro para disfrutar con el espectáculo de dos pianistas enzarzados en un duelo de virtuosismo. Mozart llegó a Viena en 1781 decidido a conquistarla con su genialidad al teclado.

EL PIANO, REY DE LOS SALONES DE ARISTÓCRATAS

La época vivía un auténtico fervor por la música de piano. El pianoforte, antecesor del piano acústico moderno, se había convertido en el rey de los salones. La nobleza vienesa no se conformaba con escuchar; quería espectáculo, rivalidad y, por qué no, dinero en juego.

Los duelos de piano eran el entretenimiento predilecto de príncipes y emperadores. Dos virtuosos, dos pianofortes, un tema propuesto sobre la marcha y una sala llena de aristócratas apostando a puerta cerrada. No había partituras. Todo giraba en torno a la improvisación, la capacidad de crear belleza y complejidad de forma espontánea.

El episodio más célebre tuvo lugar la Nochebuena de 1781 en el Palacio Imperial. El emperador José II organizó un enfrentamiento improvisado. Los púgiles elegidos fueron Mozart, recién llegado de Salzburgo, y Muzio Clementi, pianista italiano que se encontraba de paso por Viena.

Según la crónica del propio Mozart, Clementi comenzó con una sonata repleta de terceras y octavas paralelas, demostrando una técnica mecánica prodigiosa. Amadeus respondió improvisando doce variaciones virtuosas sobre una canción popular francesa, origen de la actual canción de cuna.

Tras el primer asalto, el Emperador propuso temas de Paisiello que ambos ejecutaron a dos pianofortes. El resultado oficial fue un empate y los cien ducados de premio se repartieron, pero José II se inclinaba por Mozart. Curiosamente, mientras Clementi siempre elogió a Mozart, este último fue menos benévolo en sus cartas, calificando al italiano de “mero mecánico” .

DUELOS DE PIANO EN EL CINE

Esta cultura de la competición no desapareció con Mozart. Años después, Beethoven o Liszt, entre otros muchos, se enfrentaron en duelos de piano donde la improvisación era la protagonista. Los nobles patrocinaban a los campeones y los salones de los aristócratas se convertían en un espectáculo musical.

El cine ha sabido aprovechar esta tradición y trasladarla a las pantallas. En “Amadeus” (1984), Miloš Forman recrea un enfrentamiento entre Mozart y Salieri que, aunque cautivador, es pura fantasía: nunca existió tal duelo entre ambos. Su relación fue más de competencia profesional, pero la película plasma a la perfección la tensión de esos salones, las apuestas veladas y la vulnerabilidad del intérprete frente a su público.

Años más tarde, “La leyenda del pianista en el océano” (1998) eleva el duelo pianístico a la categoría de mito. La icónica escena en la que Novecento desafía a Jelly Roll Morton no pretende ser histórica, pero bebe directamente de la tradición vienesa: el piano como arma, la improvisación como lenguaje y la victoria como demostración de superioridad artística.

Hoy día, el piano sigue siendo el protagonista de las salas de conciertos, pero afortunadamente el público ha evolucionado y solo quiere deleitarse con el virtuosismo de los músicos.

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Ya están aquí las BECAS HINVES 2026

Un año más, abrimos la convocatoria para que puedas solicitar tu Beca HINVES.

¿Te gustaría vivir una experiencia integral de aprendizaje de la mano de destacados solistas internacionales? Las Becas Hinves 2026 son la oportunidad que estabas esperando para profundizar en tu formación técnica y en el desarrollo de otras áreas que no verás en el conservatorio. A continuación, puedes consultar las bases completas de la convocatoria.

BASES DE LAS BECAS HINVES 2026

1.PRESENTACIÓN

Las Becas Hinves 2026 están dirigidas a alumnos de:

  • Conservatorios de Grado Medio
  • Conservatorios de Grado Superior
  • Escuelas privadas con titulación equivalente

Su objetivo es ofrecer una formación pianística de alto nivel, combinando perfeccionamiento interpretativo y preparación profesional.

2. CONVOCATORIA Y SELECCIÓN

La apertura de la convocatoria será el 4 de mayo de 2026 y el anuncio de los alumnos becados se dará a conocer el 28 de septiembre de 2026 mediante un vídeo publicado en los perfiles oficiales de HINVES en Instagram y Facebook.

El proceso de inscripción es el siguiente:

  • Los alumnos interesados deben contactar con su conservatorio o centro educativo.
  • Cada centro educativo seleccionará a su alumno candidato y enviará un vídeo de interpretación a HINVES.

Habrá un total de 9 becas para alumnos de conservatorios y escuelas de música, además de una beca digital en modalidad online abierta a todos los públicos.

Requisitos del vídeo

  • Resolución mínima: 1920×1080 píxeles
  • Formato: MP4 o MOV
  • Grabación en una sola toma, sin cortes
  • Inclusión de un cartel físico con el texto: “Becas HINVES 2026”

Los centros deberán enviar un enlace privado de YouTube al correo: educacion@hinves.com. Indicando claramente el nombre del centro y del participante. También podrán participar dúos de piano o piano a cuatro manos, cumpliendo los mismos requisitos. La selección final será realizada por Hinves y será exclusiva e inapelable.

 

 3. CALENDARIO

El periodo de inscripción comienza el 4 de mayo y concluirá definitivamente el 21 de septiembre de 2026. Las Becas HINVES 2026 se desarrollarán en tres fines de semana entre noviembre de 2026 y abril de 2027 en la sede de HINVES en Madrid (calle Fuenterrabía, nº 4). El programa se estructurará del siguiente modo:

  • Dos fines de semana dedicados exclusivamente a clases magistrales de piano
  • Un tercer fin de semana dedicado a cursos y workshops especializados

Las fechas concretas se comunicarán junto con la resolución de la convocatoria.

4. BENEFICIOS DE LA BECA

Se concederán dos tipos de beca:

  • Para estudiantes de Grado Medio, consistirá en la cobertura de hasta un 50% del coste de la matrícula.
  • Para estudiantes de Grado Superior, se concederá una ayuda económica de hasta 300 euros para el pago de la matrícula.

Por otra parte, los becados y finalistas podrán acceder a condiciones preferentes en la adquisición de instrumentos.

5. ACTIVIDADES

Las actividades de las Becas HINVES 2026 consistirán en clases magistrales, formación especializada y actividades complementarias orientadas al desarrollo integral del pianista.

Clases magistrales exclusivas:

  • Martín García García
  • Juan Pérez-Floristán

Estas sesiones estarán orientadas al perfeccionamiento interpretativo y técnico y se desarrollarán en dos fines de semana diferentes.

El tercer fin de semana estará dedicado a formación transversal, que abordará aspectos clave de la carrera pianística, tales como:

  • Improvisación
  • Biomecánica aplicada al piano
  • Prevención de lesiones y fisioterapia
  • Psicología del intérprete


Cada conservatorio podrá solicitar la asistencia de alumnos oyentes para participar en las actividades.

6. BECA ONLINE

Para facilitar el acceso a las becas del mayor número posible de alumnos, HINVES habilita una convocatoria paralela en formato online a través de Instagram, en la que cualquier pianista podrá participar.
Los requisitos para participar son los siguientes:

  • Publicar en Instagram un vídeo de hasta 90 segundos interpretando una pieza
  • Debe haber un cartel junto al piano con el texto «Becas HINVES 2026»
  • Etiquetar la cuenta oficial de HINVES
  • Incluir en la descripción una breve biografía (lugares de estudio, maestros, etc.)

Los criterios de valoración combinarán el impacto en redes sociales (visualizaciones, comentarios y «me gusta») y la evaluación artística por parte de HINVES. La decisión final corresponderá a la organización.

7. INFORMACIÓN ADICIONAL

Para cualquier consulta, los interesados pueden contactar a través de la dirección de correo electrónico educacion@hinves.com

Los alumnos seleccionados se anunciarán el 28 de septiembre de 2026 a través de los canales oficiales de HINVES. Todo conservatorio interesado en asistir como oyente a las actividades podrá solicitarlo escribiendo al mismo correo electrónico.
HINVES no se hace responsable de los transportes ni de los alojamientos de los participantes.

¿Alguna duda? Escríbenos a educacion@hinves.com y pregunta lo que quieras saber sobre las Becas Hinves 2026.

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Becas Hinves 2026: una nueva era para la formación pianística en España

Las horas de estudio, la disciplina frente al teclado y la búsqueda incansable de la perfección interpretativa pueden despejar el camino hacia un objetivo mayor: un lugar donde no solo se reconoce el talento, sino que se impulsa, se acompaña y lo proyecta hacia el futuro. En nuestra tienda de pianos, llevamos cuatro años construyendo esa puerta. Y en 2026, la volvemos a abrir.

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Toca sin límites de horarios ni espacio gracias al sistema Silent para pianos de Hinves

El sistema Silent es una tecnología que permite transformar un piano acústico tradicional en un instrumento híbrido que puedes tocar en silencio y escuchar mediante auriculares. Esta tecnología es una solución cada vez más demandada tanto por estudiantes como por profesionales que necesitan practicar a cualquier hora sin molestar.

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Schumann contra su propia mano: cómo arruinó su carrera como pianista por un invento mecánico

El piano fue el instrumento central del Romanticismo en la Europa del siglo XIX. Virtuosos como Franz Liszt o Frédéric Chopin se convirtieron en verdaderas estrellas con miles de seguidores. Una de las grandes figuras fue Schumann, que soñaba con convertirse en uno de los grandes pianistas de su generación. Sin embargo, su obsesión por mejorar su técnica acabaría destruyendo esa ambición.

JUVENTUD, ASPIRACIONES PIANÍSTICAS Y UN INVENTO NEFASTO

Schumann nació en 1810 en Zwickau, Alemania. Desde niño mostró inclinación por la música, pero durante un tiempo intentó estudiar la carrera de Derecho por presión familiar. Finalmente, decidió dedicarse por completo al piano, estudiando con el célebre pedagogo Friedrich Wieck. En la casa de Wieck conoció a quien más tarde sería su esposa y una de las grandes pianistas del siglo XIX, Clara Schumann.

En aquellos años, Schumann practicaba intensamente y buscaba métodos que pudieran darle una ventaja técnica. La independencia de los dedos —especialmente el anular— era uno de los grandes desafíos para los pianistas románticos. Este dedo suele tener menos autonomía muscular que los demás.

Con la obsesión por mejorar su técnica, Schumann recurrió a un dispositivo mecánico diseñado para fortalecer los dedos. El mecanismo tiraba de uno o varios dedos hacia atrás mientras el pianista practicaba con el resto, con el objetivo de ganar fuerza y elasticidad.

EL FIN DE UNA GRAN PROMESA DEL PIANO

El experimento resultó desastroso. Schumann comenzó a perder control sobre los dedos de la mano derecha, que no respondían a los movimientos que pretendía ejecutar.

No solo perdió movilidad, sino que los dedos afectados quedaron casi paralizados durante años, con pérdida de fuerza y sensibilidad. Algunos estudios actuales sugieren que pudo sufrir distonía focal del músico, un trastorno neurológico que provoca pérdida de control fino tras años de práctica intensa.

Schumann, que había soñado con convertirse en concertista de fama internacional, tuvo que abandonar su carrera antes de alcanzar sus metas.

EL NACIMIENTO DEL SCHUMANN COMPOSITOR

Privado de la carrera interpretativa, Schumann volcó toda su energía en la composición y la crítica musical. Fundó la revista Neue Zeitschrift für Musik, desde donde promocionó nuevos talentos musicales del Romanticismo.

Entre 1830 y 1840 escribió algunas de las obras más influyentes para piano, como  Carnaval, Kinderszenen, Kreisleriana o la Fantasía en do mayor. Muchas de ellas reflejan una imaginación pianística extraordinaria.

La historia de Schumann no está exenta de ironía: su intento por convertirse en un pianista prodigioso destruyó su capacidad para tocar. Sin embargo, supo sobreponerse y encontrar un camino que le llevó a ser uno de los más afamados compositores de la historia de la música.

En cierto sentido, el invento mecánico que lesionó su mano contribuyó a cambiar la historia de la música para piano, sustituyendo a un virtuoso prometedor por uno de los compositores más influyentes.

Archivo gráfico: Benjamín García Rosado

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