Nuestra artista del mes es, en esta ocasión, Marina Monzó, una joven soprano que con tan solo veintitrés años debutó en la ópera de Bilbao, donde interpretó el papel titular en La sonnambula, de Vincenzo Bellini.
Nacida en Valencia en 1994, Marina Monzó inició los estudios de música a los cuatro años. Hizo piano y canto en la Escola Coral Veus Juntes de Quart de Poblet (Valencia) hasta los once años y, posteriormente, estudió flauta travesera.
Entre 2010 y 2017, estudió canto y flauta en el Conservatorio Profesional de Valencia, para pasar posteriormente al Conservatorio Superior de Música de Valencia. Ha completado su formación con cursos y clases magistrales de canto con profesores de la talla de Ana Luisa Chova, Enedina Lloris, Alberto Guardiola, Robert Expert, Ofelia Sala, Daniel Gascó y Juan Diego Flórez. Perfeccionó su técnica vocal con Isabel Rey, Gioacchino Zarrelli, Mariella Devia, Daniela Dessi y Renata Scotto, entre otros.
En 2016 debutó en la ópera de Bilbao, donde interpretó el papel protagonista en La Sonnambula. Ese mismo año formó parte de la Accademia Rossiniana de Pesaro, guiada por el maestro Alberto Zedda. Allí debutó en Il viaggio a Reims con el papel de la condesa de Folleville.
Otros papeles que ha interpretado con igual maestría son Inés (La Favorita, de Donizetti), Gilda (Rigoletto, de Verdi), Giulia (La scala di seta, de Rossini), Susanna (Le nozze di Figaro, de Mozart), Zerlina (Don Giovanni, de Mozart), Fluvia (La pietra del paragone, de Rossini), Marola (La tabernera del puerto, de Pablo Sorozábal), Norina (Don Pasquale, de Donizetti), Adina (L’elisir d’amore, de Donizetti) y Despina (Così fan tutte, de Mozart).
Gracias a su excelente trabajo, ha sido aclamada a su paso por grandes teatros y auditorios: el Teatro San Carlo de Nápoles, Théâtres de la Ville de Luxemburgo, el Royal Opera House de Muscat, el Rossini Opera Festival, el NCPA de Pekín, el Welsh National Opera, el Teatro de la Zarzuela, el Teatro del Maggio Musicale de Florencia, el Teatro Real y el Palau de Les Arts de Valencia.
En 2022, fue galardonada con el Premio Ópera XXI, como Mejor Joven Cantante, y con el Premio Ópera Actual, como Mejor Artista Joven.
Durante este mes de marzo, Marina Monzó llega al Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia para encarnar el rol de Cleopatra en la producción de Giulio Cesare in Egitto de Georg Friedrich Händel, bajo la dirección musical del maestro Marc Minkowski. Se trata de una de las apuestas más ambiciosas de la temporada, con una propuesta escénica firmada por Vincent Boussard, quien es el director de escena de esta producción, y un vestuario diseñado por Christian Lacroix que aporta una presencia plástica destacada a la lectura dramática de la obra. Además, el equipo creativo lo completan Frank Philipp Schlößmann (escenografía), Andreas Grüter (iluminación), Nicolas Hurtevent (vídeo) y Svenja Gottsmann (dramaturgia), conformando así un elenco artístico de primer nivel para la gran ópera barroca de Händel que se presenta en varias funciones hasta el 13 de marzo.

Nuestra entrevista con Marina Monzó
A continuación, puedes leer la interesante entrevista de Marina Monzó con Hinves y descubrir cómo es el trabajo de una gran figura de la ópera.
1. Su carrera la ha llevado desde Valencia a algunos de los grandes teatros europeos. Cuando mira atrás, ¿qué momento siente que marcó realmente un antes y un después en su trayectoria?
No sé si realmente me podría referir a una producción como el punto de inflexión que marcó un antes y un después. Hablaría de 2016, año en el que debuté y formé parte de la Academia Rossiniana de Pesaro. Esa experiencia ha sido la que más me ha hecho crecer a nivel profesional.
Fue la primera vez que canté una producción fuera de España, rodeada de muchísimos artistas muy reconocidos. Además, Pesaro es un festival con muchísima trayectoria y repercusión. A partir de ahí, di el salto con una agencia extranjera, me pudo escuchar más gente, más directores artísticos, y conseguí muchos trabajos y oportunidades… Creo que ha sido el momento clave en mi trayectoria, el que me dio un mayor impulso.
2. Debutó muy joven en ópera. ¿Cómo se vive ese primer gran papel cuando todavía se está formando como artista y como persona?
El primer papel que interpreté en mi debut en la ópera fue como titular de La sonnambula. Era el papel protagonista y, en ese tiempo, aún estaba en el conservatorio. Llegó de forma inesperada y me lo tomé como una experiencia. Fue algo inesperado y a la vez divertido. Solamente vi el lado positivo. Como nadie me conocía en España, no tenía absolutamente nada que perder, es decir, no tenía ninguna reputación que tuviera que mantener.
Para mí, aquello era simplemente salir a hacer lo que yo, con 21 años, podía hacer. Pensé: «Si me han llamado, será porque quieren a alguien como yo, una soprano muy joven». Así que fui a disfrutar y a demostrar lo que yo era en ese momento: una joven de 21 años que estaba debutando en el mundo de la ópera, sin miedo, con humildad, pero con seguridad también.
3. Ahora interpreta a Cleopatra en Giulio Cesare, de G. F. Haendel, en el Palau de Les Arts de Valencia. ¿Qué le ha sorprendido más de este personaje y de este estilo musical?
Lo que más me ha sorprendido de esta música ha sido el emocionarme cada día, con cada ensayo con la música de Giulio Cesare. No había interpretado nunca este papel y creo que es de los más bellos que he cantado a nivel musical. Me parece espectacular. Cleopatra tiene ocho arias, pero en esta producción hacemos únicamente siete. Cada número es mejor que el anterior.
Me parece que es una música que no cansa. He conseguido disfrutar en cada día de ensayos. Me siento muy afortunada. Es una música que está hecha para conmover y para atraer al público y, por supuesto, para el virtuosismo del cantante.
4. Detrás de cada función hay muchas horas de trabajo previo. En ese proceso, ¿qué papel juega el piano en su día a día? ¿Es su “campo de pruebas” antes de llegar al escenario?
He perdido las nociones de piano que adquirí cuando era pequeña, así que simplemente lo utilizo para vocalizar o afinar algunos acordes. En concreto, algunos saltos, intervalos, pero normalmente suelo leer a vista en mi cabeza y ya está. Por supuesto, me ayudo un poco con el piano para no perderme.
Para mí es fundamental que haya un pianista, un repetidor que nos pueda ayudar a comprender la musicalidad y también la obra. El pianista que tenemos en el teatro es absolutamente fundamental para nosotros, porque podemos repasar todo lo que hemos estado mirando durante los ensayos. Él es quien está pendiente de todo: si te vas en temas de métrica, si te vas en el texto… O sea, es una figura fundamental, es como nuestro oído externo.
5. En los ensayos con pianista, ¿qué es lo más importante para usted: la precisión, la escucha mutua, la respiración compartida…? ¿Cómo se crea esa complicidad?
Para mí, en los ensayos con pianista, lo esencial es la escucha y la respiración. Creo que nos ayuda mucho, sobre todo en temas de afinación. Nosotros nos oímos desde dentro. Por eso, si hay alguna nota que está desafinada, es muy importante que el pianista se dé cuenta y te lo haga saber.
A lo mejor, para otros cantantes que no han tenido una formación instrumental previa, necesitan más precisión con la métrica, ritmo, tempo o notas equivocadas. Creo que, dependiendo del tipo de músico que seas, vas a necesitar un apoyo en ciertas cosas o en otras.
6. Muchas personas que leen nuestra web son pianistas aficionados. Desde su experiencia, ¿qué diría que es fundamental para acompañar bien a una voz?
Creo que es necesario trabajar como si hiciésemos música de cámara entre los dos, por mucho que sea voz acompañada del piano. Hay momentos en los que el fraseo lo lleva al piano y, en ese momento, tiene que sobresalir. Pero en los momentos que son de puro acompañamiento, pienso que, con los pianistas con los que mejor me relaciono, con los que mejor siento que hago música, suelen ser los que dejan de lado el ego y trabajan sobre la pieza en sí. Creo que eso es lo primordial, mirar en pro de la pieza y hacer música juntos.
7. Ha cantado en espacios como el Teatro Real o la Bayerische Staatsoper. ¿Cambia algo en su manera de prepararse cuando sabe que va a debutar en un gran escenario internacional?
En mi caso, no cambia absolutamente nada el hecho de cantar en un teatro u otro. Soy una persona muy perfeccionista, también con el estudio. Procuro ir siempre lo mejor preparada posible a cualquier lugar donde vaya a hacer un concierto, una producción, un recital… Para mí, no hay cambio alguno.
8. La vida del cantante implica viajes constantes, presión y exposición. ¿Cómo cuida su voz y su equilibrio personal en medio de ese ritmo?
Lo más importante es tener unos pilares sólidos. En mi caso, mi familia, mis amigos cercanos y, también, mi pareja. Creo que eso es lo que más te hace tener los pies en la tierra y poder disfrutar de este camino como un trabajo.
Intento que no afecte en exceso a la vida personal, aunque evidentemente nuestra vida personal es el trabajo también. Vivimos por y para esto: viajamos y estudiamos constantemente. Procuro separar el lado más personal del lado profesional y quitar un poco de drama, aunque a veces es complicado evitar que la presión y el estrés afecten al equilibrio personal.
En cuanto al cuidado de la voz, podría decir que vivo “como en un convento” cuando estoy en una producción. Intento no salir a comer o a cenar a menudo, ni en grupos grandes ni frecuentar ambientes con mucho ruido. Me cuido lo máximo que puedo e intento llevar la vida vocal más sana posible porque ya pasamos muchas horas cantando en el teatro.
9. Y una pregunta más personal: cuando no está preparando un papel, ¿qué música escucha por placer? ¿Sigue siendo ópera o se permite desconectar con otros estilos?
A la ópera le dedico mucho tiempo de estudio. Fuera de ella, escucho poca música y, si lo hago, suele ser música de los años 40, 50, 60… Podríamos decir que un tipo de música un poco alejada de lo que calificaríamos como “actual”.
Si me preguntas por artistas más recientes, te podría nombrar a Juan Luis Guerra, Billy Joel…, aunque tampoco podríamos calificarlos como “muy muy actuales”.
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