Cerebro y piano al descubierto en un quirófano de La Coruña

La anestesia epidural nos ha familiarizado con las intervenciones quirúrgicas en las que el paciente permanece despierto. Menos conocidas, aunque no infrecuentes, son las operaciones del cerebro con el enfermo consciente. Pero lo que sí es muy poco común es un paciente tocando el piano en el quirófano mientras le extirpan un tumor cerebral.

Esto es, precisamente, lo que el pasado verano se llevó a cabo en el Complejo Hospitalario Universitario de La Coruña (CHUAC). Anualmente, este hospital realiza unas cinco operaciones de este tipo, ya que la colaboración del paciente es necesaria para comprobar si mantiene sus capacidades. En esta ocasión, el paciente era músico profesional, por lo que era fundamental no dañar áreas relacionadas con la capacidad para leer e interpretar partituras.

La joven neurocirujana Sonia Gayoso (31 años) estuvo al mando de la operación junto con el neuropsicólogo Javier Sardiña Agra. En el quirófano se habilitó un teclado sobre una tablet. Mientras los cirujanos localizaban las zonas dañadas del cerebro para intentar resecar un tumor, el paciente hacía sonar el piano. De esta forma, pudieron extirpar el tumor evitando que esta persona quedase incapacitada para ejercer su profesión.

Según explicó la doctora, el tumor que afectaba al paciente era un glioma, que se forma en las células que protegen a las neuronas. Los gliomas de bajo grado suelen afectar a pacientes jóvenes y son de crecimiento lento. El objetivo con este tipo de intervenciones en las que el paciente está despierto es extirpar la mayor cantidad posible de tumor sin afectar a funciones importantes. Así se consigue que estos enfermos puedan continuar con su vida normalmente.

La intervención que se practicó en este enfermo de glioma mientras tocaba el teclado es una de las sorprendentes operaciones que el equipo de neurocirugía del CHUAC lleva a cabo y que supone un gran avance científico.

Este tipo de operaciones son posible porque el cerebro no duele, con lo que solo basta anestesiar la piel y el músculo. Durante la intervención, los neurocirujanos estimulan diferentes zonas del cerebro para localizar las que se pueden resecar. Por lo general, las pruebas consisten en mostrar imágenes que debe reconocer, crear frases, mover algún miembro o realizar cálculos. Pero en un paciente con una actividad tan específica estos tests podían ser insuficientes.

Ante la imposibilidad de introducir un piano en el quirófano se optó por una tablet con un teclado. Junto al enfermo había otro músico que podía corroborar si el paciente leía e interpretaba bien las partituras.

Hasta hace poco tiempo, los cirujanos únicamente podían realizar intervenciones estandarizadas para eliminar los tumores sin afectar las funciones básicas del cerebro, como la visión, el lenguaje o la capacidad de comprensión y de expresión. Esta nueva técnica aprovecha el elevado nivel de plasticidad del cerebro, que hace que en ocasiones las funciones migren de una zona a otra.

En este tipo de intervenciones se tiene en cuenta cuáles son, además de las funciones básicas para todas las personas, las funciones importantes para ese paciente en concreto. Para un músico profesional era vital conservar la capacidad para leer e interpretar música.

 

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