En la historia de la música occidental, pocos fenómenos tan fascinantes y sobrecogedores como la llamada lisztomanía pueden equipararse con la exaltación de algunos ídolos del pop y el rock del siglo XX, como Beatles, Elvis Presley o Rolling Stones.
Franz Liszt (1811-1886), pianista y compositor húngaro, no solo transformó el virtuosismo pianístico del Romanticismo, sino que generó un fervor popular inédito hasta entonces. Se puede decir que fue el primero que acercó la música de concierto a la cultura de masas.
AMBIENTE SOCIAL Y CULTURAL EN EL SIGLO XIX
A principios del siglo XIX, el concierto de música clásica era un evento social predominantemente elitista. La audiencia estaba compuesta por aristócratas, burgueses y aficionados que permanecían sentados y en silencio durante la actuación y aplaudían respetuosamente al terminar una pieza. Un recital de piano era una ocasión de refinamiento cultural y casi ritual.
Franz Liszt irrumpió en este circuito con una personalidad magnética y una técnica pianística que rompía con todo lo convencional. Carismático, atractivo y exuberante en el escenario, Liszt ofrecía recitales en los que la audiencia se sentía directamente implicada en el acto musical. Su manera de tocar, intensa y emocional, elevaba el estado de ánimo del público hasta una especie de éxtasis colectivo.
UN FENÓMENO NUNCA VISTO: ¿QUÉ ERA LA LISZTOMANÍA?
El término lisztomanía fue acuñado por el poeta y crítico alemán Heinrich Heine en 1844 para describir el intenso fervor que acompañaba a las actuaciones de Liszt, sobre todo en ciudades como Berlín y París.
Este fenómeno se caracterizó por comportamientos que, para la sensibilidad de la época, rayaban en lo inaudito:
- Desmayos en la audiencia, especialmente entre las mujeres. Se dice que perdían el control de sus sentidos ante el encanto del pianista.
- Enfrentamientos por obtener recuerdos personales. Se producían auténticas batallas campales por conseguir un pañuelo, un guante e, incluso, un mechón de cabello, verdaderos trofeos para la audiencia.
- Objetos transformados en amuletos. No era infrecuente que Liszt rompiese alguna cuerda del piano, dada su intensidad al tocar. Muchas personas intentaban recogerla para transformarla en una joya o amuleto.
- Relicarios inauditos. Se llegaba a recoger colillas de sus cigarros o los posos de su café para guardarlos en frascos de vidrio.
Estas escenas se prolongaron durante la década de 1840 y fueron recogidas por la prensa de la época, que definió el fenómeno como histeria colectiva.
Muchos se preguntaban por las razones de este fenómeno fan. La respuesta es que, probablemente, confluyeron diversos factores. Por un lado, su carisma y presencia escénica, poco convencional en una época de normas sociales rígidas. Por otro lado, el auge de la prensa facilitó la difusión de este tipo de noticias.
Además, recordemos que Liszt fue pionero en dar recitales de piano en solitario, con su figura como centro absoluto, y que el Romanticismo era un movimiento artístico que buscaba emociones intensas y profundas; Liszt encarnaba ese ideal artístico.
Franz Liszt fue, sin duda, la primera superestrella musical de la historia y el artista que cambió la relación entre intérprete y público.